Jueves, 02 Mayo 2019 20:14

Traducido el libro El comú català

 

“No saber lo que ha sucedido antes de nosotros

es como ser incesantemente niños”

Cicerón

Jueves, 25 Mayo 2017 18:04

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Este espacio de Reflexión sobre Revolución Integral es un lugar de encuentro entre iguales en el cual las personas que participan sienten la necesidad de involucrarse en una transformación total del individuo y de la sociedad de hoy en día. Un sitio dedicado al estudio e investigación de la realidad presente; al intercambio de conocimientos, a la difusión de temas de la más variada naturaleza y a la búsqueda y proposición de acciones que nos lleven a la evolución pretendida.

 

 

Comprender el cómo y el porqué de nuestra situación actual se hace imprescindible para idear y construir un presente y un futuro diferente. Por ello redescubrir nuestra historia, las peculiaridades de nuestro pasado y nuestras diferentes culturas como pueblo, rescatándolas de un olvido muchas veces provocado, es uno de los intereses comunes. Estar en el día de hoy y preparar el futuro que nos gustaría son otros.

Muchas veces (por no decir siempre) es la experiencia la mejor maestra que se puede tener, mucho mejor que teorías que puedan salir de la cabeza de nadie. Quiero compartir con vosotros una historia, la mía en este contexto, porque sería interesante que intergeneracionalmente compartiéramos ciertas experiencias los que llevamos algún tiempo "metidos" en esto que os estáis embarcando algunos ahora. Y digo metidos entre comillas porque en cuanto ves que se pone la cosa chunga te sales y buscas otras alternativas como, por desgracia, suele pasar. Lamento si suena un poco paternalista, que últimamente esta (o estaba) mal visto.

El pasado 24 de octubre del 2015 fue el día de la publicación de mi libro «El común catalán. La historia de los que no salen en la historia». Lo presenté el mismo día, en la inauguración del Curso Íberos del Instituto de Estudios Íberos de Terrassa, invitado por el jefe de estudios Frederic Santaeularia (1941-2016). Mi taller llevó el título «Continuidad cultural íbera en la Edad Media catalana» y consistió en una introducción en las prácticas comunales catalanas de la Edad Media y el Antiguo Régimen y una segunda parte en la cual me preguntaba cual fue el origen de estas costumbres. En esta segunda parte los íberos toman protagonismo.

Para el historiador Gaspar Feliu, el comunal catalán, así como las prácticas comunitarias, tienen su origen en las sociedades indígenas prerromanas, como por ejemplo los íberos, vascones y aquitanos, algo común con otras organizaciones tribales o que sigan un sistema de clanes.El individualismo romano (ius utendi et abutendi) se oponía al comunalismo de estas sociedades que estaban bajo servidumbres y obligaciones colectivas, con espacios comunales al servicio de todos los miembros de la comunidad y que no se podía apropiar nadie. La romanización no va más allá de la construcción de ciudades y de su administración impuesta. Una vez el mundo urbano romano entra en crisis y empieza a desaparecer, vuelven a aparecer costumbres y formas de organizarse anteriores. De hecho, las invasiones romanas, visigodas, musulmanas y carolingias apenas intervienen en las formas de organización económica y política en el mundo rural, siendo su objetivo principal la extracción de rentas y/o la recaudación de impuestos (FELIU, 2009).

¿Porque hacemos lo que hacemos y producimos lo que producimos?

Sabemos que desde hace más de 10.000 años el pastoreo ha estado presente en el Pirineo occidental, ha sido la actividad central para permitir la vida en estas montañas. El contexto actual de la montaña aragonesa es el de una desaparición acelerada de los rebaños en extensivo, es decir, de animales que pastan, andan y viven al aire libre la mayor parte del año. En cambio, crece la ganadería industrial e intensiva, esto es, animales encerrados permanentemente y exprimidos para producir al límite que permita su biología y más allá, sin escatimar en técnicas abusivas, en fármacos, en químicos, en hormonas, en la deformación física y genética, en la pérdida dramática de rusticidad y en la reducción drástica de la esperanza de vida de cada animal.

La realidad aragonesa es la desaparición casi total de las atesanías y ganaderías pequeñas (menestrales y pegujaleros) haciéndose omnipresentes los monocultivos, las grandes industrias, las enormes distribuidoras, las macrogranjas y sus correspondientes infraestructuras de altísimo impacto ambiental.

La industria abusa de piensos y forrajes que aridifican, esquilman y agotan las tierras llanas. Provoca la mineralización del suelo matándolo y dejando la puerta abierta al desierto. Además llena de nitratos y químicos de alta toxicidad los acuíferos y ríos. Sin hablar de la salinización o la acidificación rampante.

Industria intensiva y pastoreo son como la noche y el día.

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