
Publican en El País, con fecha 24 de febrero pasado, una entrevista al intelectual Matthew Remski, autor, junto a dos participantes más, del libro Conspiritualidad, palabro que apunta hacia el mundo de la espiritualidad en su vertiente imbuida en ideas de conspiración.
Dicho libro tiene un subtítulo, “Cómo las teorías conspirativas de la New Age se convirtieron en una amenaza para la salud pública”.
En la breve entrevista publicada se remarca, con fruición, el acercamiento de aquel mundillo a posicionamientos de extrema derecha, haciendo las pertinentes advertencias de los peligros que se derivan de ello.
Indago un poco sobre Matthew Remski y veo que es profesor y formador de yoga y ayurveda en Toronto desde hace muchos años. También veo que es muy crítico con las variantes que del yoga han surgido según las distintas escuelas, y que es un abanderado de las investigaciones sobre casos de abusos sexual en los entornos yóguicos.
Reflejo estos aspectos personales de Remski porque, en un principio, me había parecido extraño el supuesto ataque hacia los escenarios que el yoga propiciaba, mas luego comprobé que no, que en absoluto pretendía atacar al yoga, en todo caso limpiarlo de pretendidos peligros que amenazan con “contaminarlo”.
Vuelvo a la afirmación general que se vocea en el cuerpo del texto, la alusión a la aparición del fascismo y la extrema derecha en esos entornos. La afirmación, de primeras (y de segundas), es gratuita y equívoca, pues apunta hacia una posibilidad que sólo en su mente existe, pues lo que está haciendo es un vaticinio, no puede hablar de datos porque no los tiene, digamos que tira la frase y esconde la mano. Pero sí entiendo la función del mensaje, pues quién lo lea rápido, no se detendrá en el condicionante “puede ser” que utiliza, y sí en “entrada a políticas protofascistas”.
Una vez más vemos cómo se utiliza la palabra “fascista” de manera tendenciosa y adulterada, además de interesada (para llamar la atención y vender mejor). Y es que el uso de ese término se ha convertido en calificativo de uso común, sin discernimiento alguno para su empleo con precisión en contextos adecuados. Se quejan, a su vez, los comentarios de los usuarios (al pie de la entrevista), de que se llama a todo fascismo, y tampoco aciertan; porque es cierto que se abusa de llamar a todo fascismo, pero el error no está en llamar a todo fascismo, sino en no entender qué es el fascismo. Y el fascismo es lo que dijo Mussolini, no lo que digan ni los fascistas ni los antifascistas del siglo XXI. Recordamos las definiciones (en tanto que afirmaciones de Mussolini) claves del término:
- «El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo«.
- «Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado«.
- “Siendo anti-individualista, el sistema de vida fascista pone de relieve la importancia del Estado y reconoce al individuo sólo en la medida en que sus intereses coinciden con los del Estado. Se opone al liberalismo clásico que surgió como reacción al absolutismo y agotó su función histórica cuando el Estado se convirtió en la expresión de la conciencia y la voluntad del pueblo. El liberalismo negó al Estado en nombre del individuo; el fascismo reafirma los derechos del Estado como la expresión de la verdadera esencia de lo individual. La concepción fascista del Estado lo abarca todo; fuera de él no pueden existir, y menos aún valer, valores humanos y espirituales. Entendido de esta manera, el fascismo es totalitarismo, y el Estado fascista, como síntesis y unidad que incluye todos los valores, interpreta, desarrolla y otorga poder adicional a la vida entera de un pueblo (…).
- El fascismo, en suma, no es sólo un legislador y fundador de instituciones, sino un educador y un promotor de la vida espiritual. No intenta meramente remodelar las formas de vida, sino también su contenido, su carácter y su fe. Para lograr ese propósito impone la disciplina y hace uso de su autoridad, impregnando la mente y rigiendo con imperio indiscutible (…).”
Afirma Remski en su libro que el mundo del yoga (y la New Age) está contaminado por teorías conspirativas y de extrema derecha, y es de ahí que emplea el término conspiritualidad.
Para hacer tal afirmación, se entiende que al menos debería tener alguna clase de datos que subrayen la realidad que dice existir. Pero no lo hace, ni lo hará, porque es falso como dato genérico, y como falso me refiero a que para afirmar lo que afirma debería haber una muestra suficiente de sujetos que se mueven en esos parámetros. Otra cosa es que pueda haber individuos aislados, ciertos grupúsculos o pequeños espacios sectarios, infestados de idearios extremistas de derechas, no es descartable, pero en todo caso es una cantidad insignificante. Por eso aquí, en el Reino de España, tampoco hay la mínima señal al respecto, y aquí llevamos ya unos cuantos años con una New Age desarrollada y absorbida en conspiracionismos varios.
Conociendo un poco bien lo que es el mundillo de la New Age, se puede teorizar con acierto sobre él. Démonos cuenta que la New Age engloba un sinfín de filosofías y teorías (mayormente procedentes de la cultura oriental) y de prácticas diversas, lo que configura todo un crisol de personajes multicolor (tanto en quienes los dirigen como en quienes se abrigan en sus planteamientos y prácticas).
Cuando la New Age se empieza a perfilar, allá por los años 50-60 del siglo pasado, quienes se acercaron a ella eran gentes de idearios izquierdistas, y como tal nos referimos a pacifistas, ecologistas y humanistas. También mucha gente rebelde per se. La New Age se fue adentrando junto a las nuevas cosmovisiones del amor libre, a los Beatles, con el no a la guerra, etc., todo ello desde una perspectiva muy espiritual.
Esa espiritualidad se fue conectando cada vez más a los diversos esoterismos, a los sanadores mágicos (chamanismo) y a las diferentes prácticas “elevadoras”, lo que enriqueció el movimiento New Age con teorías adscritas a lo sobrenatural e irracional. Teorías más complejas que comenzaron a abarcar terrenos como el de la salud y los psiquismos, y se buscaban caminos alternativos a los oficiales para abordar estas temáticas.
Pasaron los años y el bienestarismo, arraigado a fondo en la sociedad, se había ido permeando a estas cuestiones. Muchas gentes con idearios de derechas, atraídos por lo seductor de las bondades ofrecidas en los nuevos paradigmas, así como los nuevos cuidados en materia de salud y bienestar, además de los anzuelos que el nuevo mercado empezaba a generar, los llevó a incorporarse a las nuevas cosmovisiones, pues además tenían dinero para costeárselas (no les importaba pagar cifras desorbitadas para acceder a cursos y talleres).
No me atrevo a dar fechas acerca de cuándo el conspiracionismo empezó a contaminar a muchos de los que se movían en esos jardines “nuevaeriles”, o al menos a ser visible. Pienso que tuvo que ser al principio del siglo XXI, cuando cayeron las torres gemelas.
Lo cierto es que, en pleno siglo XXI ya, las corrientes de la Nueva Era se alimentaban de gentes variopintas, tanto de cosmovisiones izquierdistas como de derechas; y que las ideas de conspiración tuvieron que afectar a los dos grupos (no digo que a todos sus integrantes) de una u otra manera.
Luego llegó la pandemia, y fue un momento clave para la explosión del conspiracionismo. La pandemia fue aprovechada más y mejor por ciertos ámbitos de la derecha para fomentar un conspiracionismo más rabioso, y a la vez poco enjundioso. Y se podía comprobar cómo, en ciertas plataformas digitales de tendencia derechista, se mezclaban ideas de la New Age, con politiquerías baratas y conspiraciones de todo pelaje. A todo esto, añadir la posible mano encubierta del Estado moviendo los hilos por debajo, y lo digo por la cantidad de noticias falsas que se movían por las redes y a las que no puedo dar otra autoría, visto su capacidad de despliegue (se impulsó también a determinados líderes mediáticos y se crearon plataformas digitales para impulsar ciertas ideas).
Y llegamos a la actualidad. Las bases que sostienen los idearios New Age siguen siendo los mismos de los últimos 40 o 50 años, con novedades siempre, eso sí, pero con su misma base. Y las gentes que los nutren, en su perfil básico, tampoco han cambiado tanto en los últimos 20 años; hay mucho buenismo, mucho bienestarismo, mucho esoterismo, mucho pacifismo, y cierto nivel de conspiracionismo.
Para entender bien el panorama, conviene hacer aquí un apartado que ahonde en el terreno de las tendencias ideológicas de las que hablamos, que aborde la relación umbilical entre la ultraderecha y determinados movimientos doctrinales asociados a la New Age: Hablamos de los esoterismos.
El esoterismo ocultista moderno surge en el siglo XIX, pero fue en la Alemania nazi, con el régimen nacionalsocialista, cuando su esencia se plasmó de forma efectiva en la realidad política y social. Nos sirve este ejemplo para ver cómo los espacios de poder gustan de enriquecerse de metodologías y sistemas de creencias que potencien sus idearios y modelos organizativos. Y fue en esa simbiosis Estado-esoterismos donde nació, al modo que lo conocemos hoy, el conspiracionismo.
Ciertamente, como el conspiracionismo nunca ha propuesto nada que pueda superar la situación en la que se encuentra la humanidad, en un momento dado tendió puentes (gracias a los esoterismos de base) con las ideas New Age (con un alma más cercana a idearios progresistas).
El conspiracionismo se acerca ahora a la ultraderecha política porque gran parte de su ideario surge de ese nicho. Pero también cala en la izquierda no activista, es decir, en las gentes que se declaran apolíticas pero que pecan de buenismo.
Procede en este sentido, entonces, reconocer que, a partir de esos esoterismos (en concreto del nazi) sí encontramos un eslabón-puente de unión del conspiracionismo con la New Age (de alma izquierdista-buenista). Y cabe pensar que un sector de ingenuos consumidores New Age haya sido captada por ese sector nazi-esotérico. Viene esto a cuento pues sí existen canales en Youtube y Twitch que tienen perfil Nueva Era y, a su vez, entrevistan y se codean con gentes del mundillo ultraderecha y nazi.
En definitiva, vemos que confluyen, en esos terrenos tan variopintos, diferentes doctrinas, cosmovisiones e invenciones para diseñar un paisaje ideológico complejo, y es que los simplismos no funcionan nunca bien, y sus soluciones tampoco, y menos desde análisis comodones. Tanto las izquierdas como las derechas tienden a resolver de un plumazo cualesquiera enfoques, que les permita atraer las ascuas a su sardina.
Al hablar de izquierdas o derechas, nos estamos refiriendo a tendenciosidad política, no de adscripción a partidos políticos. Eso hay que entenderlo, y más en el mundo del yoga, y por ahí los apuntes del entrevistado empiezan a poder ser calificados como sandez.
No cabe duda de que Matthew Remski, en la entrevista, bucea en un caldo de muchas verdades, pero al final no dejan de ser maquillaje para sus tendenciosidades sesgadas. Es como si quisiera salpicar de culpabilidad a la derecha de cualquier nocividad que se pueda atribuir surgida en el seno de la New Age; hacer una separación o división desde la misma, “la buena y la mala”, y de esta forma limpiar cualquier responsabilidad de la izquierda en la asimilación de ideas o prácticas de aquellas corrientes.
Tanto la izquierda como la derecha han hecho suyas, han adaptado, a su conveniencia, los postulados y cosmovisiones de estos movimientos espiritualistas. Y con esto no estoy diciendo que todo lo que ha difundido la New Age sea perjudicial ni dañino, por supuesto que hay aportes que pueden considerarse enriquecedores. Pero hay que saber separar el grano de la paja, aunque esto es ya otro tema.
Como se ha expuesto, el entrevistado toca algunos “palos” que son veraces: habla de los archivos Epstein, para recalcar los excesos del capitalismo; rebate la idea de un plan conspiranoico que lo diseña todo desde las sombras; recalca que la individualidad Nueva Era se opone a la capacidad de la comunidad para organizarse en ayuda mutua, etc.
Pero, con todo ello, no consigue dar solidez a su impactante mensaje (para la comunidad en general), aunque sí conseguirá vender su libro, probablemente.
Tira de Himmler para asociar el yoga y las tendencias nacionalistas; y es cierto que hay esa relación, pero desde las cosmovisiones orientalistas, a lo que nada dice Remski; de igual manera, conecta los idearios “protofascistas” con otros que se refieren a esencialismos y “purificacionistas”, afirmación cogida con pinzas, al menos en su aplicación en la realidad occidental; y no hace discriminación entre divulgadores y asimiladores, lo que convierte todo su discurso en vago y espurio. Este último aspecto es central para entender de lo que hablamos, pues una cosa son los gurús, doctrinarios y sacacuartos de estas corrientes y, otra, los acólitos y seguidores que los frecuentan, siendo éstos últimos, a menudo, gentes bienpensantes que nada tienen que ver con los fanatismos políticos que se señalan.
Para avalar su discurso anticonspiracionista, ataca los estudios de Andrew Wakefield y a los antivacunas, asimilando, de tapadillo, todas las teorías oficialistas en materia sanitaria, lo que es motivo de sospecha, y más en lo referente a Wakefield, cuyo trabajo es, cuando menos, respetable. En esta temática, termina Remski diciendo que el sarampión está resurgiendo porque las tasas de vacunación están bajando, aseveración que es indemostrable a día de hoy (como tal afirmación) y que lo alinea con las políticas oficialistas más propagandísticas.
Hablando de propaganda; aplica este autor el principio de la transmutación, al afirmar que “hay que neutralizar las condiciones del capitalismo tardío (aquí se quita la careta), el abandono gubernamental de la sanidad (discurso izquierdista) y una población aislada que ha olvidado que forma parte de una clase trabajadora” (evocando al proletariado más que a la comunidad de iguales). Es decir, exime al Estado de toda responsabilidad, exigiendo incluso más intervencionismo en la sanidad, y vuelve a los conceptos del comunismo más alienante.
Hablando grosso modo, el sujeto medio que integra los ambientes de estos grupos de los que estamos hablando no es un ser dañino para el Estado, y ello se debe a su docilidad, a su excesiva dispersión en un mundo que lo ha alejado de la realidad más terrenal, a su individualismo tan excluyente. Y el conspiranoico de ese mundo solo es capaz de mover su rebeldía intercambiando mensajes y vídeos digitales. De ahí a asociarlo con la extrema derecha, y con el fascismo, hay un abismo. Si hubiera alguna extrema derecha que se asomara por esos lares no sería New Age, sería extrema derecha. Y sí, hay conspiracionismo en aquellos círculos, mucho, pero es un conspiracionismo inmovilizador e incluso tontorrón. Nada que ver con el dibujo sesgado que hace Remski.
Todas las técnicas nuevaeristas, incluyendo el yoga, son técnicas centradas en el “crecimiento personal”, es decir, descartan “lo colectivo”, por lo que son un camino individual que casa estupendamente con lo que interesa al poder del Estado y a su retoño, el capitalismo. Decimos, por ello, que los terrenos de la Nueva Era los transitan gentes completamente desmovilizadas, y esto lo saben muy bien quienes conocen las ideas que los nutren. Que el conspiracionismo ha hundido sus tentáculos en dichas cosmovisiones se comprueba en los contenidos de tantos medios digitales. Que ciertos esoterismos inoculan auténtico veneno en las venas de muchos grupos “alternativos” que van en esta línea, y que en ellos se alimentan idearios de extrema derecha, es una realidad desde hace años (en esa senda apuntan, o apuntaban, algunas revistas del sector, como “Más allá” y “Año Zero”). Y luego aparecen los intelectuales progresistas como Remski, que observan cómo todo ese sector social que se adscribía en el pasado a posiciones de la izquierda, ahora se va desdibujando e incluso echa algunos brotes verdes desde líneas ideológicas de lo más inquietante.
La RI abre sus puertas a todos aquellos que, aunque simpatizantes de la New Age y de diversas conspiraciones, estén dispuestos a dar un paso adelante y dejen atrás sus formulaciones erradas, lo que implicaría que están dispuestos a unir su destino junto al de sus iguales, aceptando su responsabilidad individual y colectiva, desechando los caminos cómodos victimistas que, de facto, alimentan y hacen necesarios a los victimarios. En suma, apostar por una libertad de conciencia real que sea el origen, a su vez, de una búsqueda de la verdad y de la libertad tangibles.