Miércoles, 09 Noviembre 2022 12:58

LENGUA, CULTURA Y EMIGRACIÓN EN EUSKAL HERRIA Y EN EUROPA

Escrito por

 

Félix Rodrigo Mora. Ponencia presentada en “Euskera eta demografia Jardunaldia” Durango, Euskal Herria, 9-11-2019

La emigración sigue siendo tema tabú, prohibido. Sólo puede decirse lo que al poder/poderes constituido le interesa que se diga, debido a que es asunto absolutamente decisivo para el actual sistema, pues afecta a lo más básico, abastecerse de mano de obra muy barata, permitiendo, además y sobre todo, sustituir a la clase trabajadora y población europea en general, indócil y combativa debido a motivos culturales, por la foránea, bastante más dócil y sumisa[1]. Mi criterio es vulnerar la prohibición y ofrecer al público datos, análisis y propuestas. Ya lo he hecho en mi libro de reciente publicación, “Erótica creadora de vida. Propuestas ante la crisis demográfica”, y lo continuaré haciendo. Ha llegado el momento de hablar claro y alto. El miedo a la persecución, la marginación, la censura, las calumnias y los linchamientos mediáticos no puede cerrar nuestras bocas.

La libertad de expresión es sagrada y tenemos que hacer que sea respetada. En estos asuntos la niegan los totalitarios de nuevo tipo. Por ejemplo, aquellos que reproducen y aplauden la exigencia de la patronal vizcaína, formulada a mediados de 2019, de que el Estado español “acoja” 300.000 nuevos emigrantes por año durante 30 años, que serán 500.000 anuales con el reagrupamiento familiar. Unos meses después, diversas organizaciones patronales y estatales españolas han demandado que esa cifra se quintuplique… Es decir, 2,5 millones por año durante 30 años, en el periodo 2020-2050, en total 75 millones en un país hoy con 47 millones. Eso equivale a la aniquilación étnica, cultural y lingüística de todos los pueblos ibéricos, que quedarán reducidos a minorías marginadas y perseguidas en su propia tierra. Eso sólo tiene un nombre, genocidio[2].

¿Qué necesitamos? Para empezar un debate libre, plural y global sobre estos difíciles asuntos, en el que puedan expresarse todas las posiciones y no sólo algunas, las de carácter antinatalista neo-negrero. En lo referente al euskera seguiré creativamente la argumentación expuesta en mi Prólogo al libro de Javier Goitia “El ADN del Euskera (en 1500 partículas)”, de título “Lengua y pueblo. Pasado y Futuro”, y también en mi declaración “Proposamen pertsonala euskal herrirako estrategiaz eta eginza-planaz/Propuesta personal de estrategia y plan de acción para Euskal Herria”. Consciente de la complejidad y gravedad de estas materias no pretendo decir la última palabra en el análisis y el debate en curso, ni mucho menos, sino hacer una aportación entre otras.

Detener el proceso de liquidación de los pueblos europeos

Mi adhesión a la cultura europea es enorme. Yo amo a Europa e idolatro su cultura, por tanto sus lenguas, todas sus lenguas. Me considero un castellano universalista, europeísta y ciudadano del mundo desde la conservación creativa de mis raíces y mi linaje, no desde la aculturación y el autoodio. Y llevo muchos años observando con creciente alarma que los poderes constituidos en Europa, el gran capitalismo transnacional, todos los Estados (con el español a la vanguardia) y más aún la Unión Europea trabajan para demoler y destruir la cultura europea. Ahora ya está claro que no sólo se proponen aniquilar la cultura/culturas (la erudita no menos que la popular) y las lenguas del Viejo Continente sino también las etnias europeas, lo que se manifiesta de muchas maneras, siendo una de ellas la emergencia del racismo antiblanco, dirigido y financiado desde el poder. Una vez que las instituciones de la Unión Europea han dado el salto a la aplicación reglada del refrán “muerto el perro se acabó la rabia” no hay otra salida que el combate.

La cultura europea ha tenido dos manifestaciones, la docta, o letrada, y la popular, o ágrafa. La primera ya ha sido casi del todo convertida en pieza de museo. La segunda conoce una regresión espeluznante, de manera que el pueblo castellano, que es el mío, está casi completamente aculturado y el pueblo vasco, vecino por el norte, se encuentra en una situación tal que, en caso de no intervenir y ponerse remedio, estará igualmente aculturado, por tanto extinguido de facto en sólo unos decenios. Eso sería una catástrofe continental, y también mundial, pues lo propio y singular del pueblo vasco ha sido el vigor excepcional que en él ha tenido la cultura popular autoconstruida de expresión oral, que es el tipo de sabiduría auténtica que, sobre todo, se necesita para afrontar la enorme crisis global que padecemos en todo el planeta.

La pérdida de la cultura propia significa la pérdida de la lengua, porque lo que realmente existe es el complejo lengua-cultura, no la lengua por un lado y la cultura por otro. Sin cultura la lengua se reduce a un sistema de sonidos y signos comunicacionales que no suscita afección y que no puede subsistir en las condiciones de la globalización.

Si relatase a alguien que existen unos pueblos a los que, primero, se les impide y prohíbe reproducirse, segundo, se repueblan sus territorios con masas enormes de gentes foráneas llegando en muy poco tiempo, traídas por medio de argucias, violencia y mentiras, y, tercero, no se les permite hablar libremente de ello, ese alguien pensará que me estoy refiriendo a alguna aldea amazónica, o a las etnias indígenas de EEUU, o a cierta tribu perdida en la selva africana. Pero no, al revelar esos hechos estoy hablando de Europa. 

Su natalidad se ha desplomado, tanto que ya está bastante por debajo de los 1,3 hijos por mujer, el mínimo para que una comunidad humana pueda mantenerse en tanto que tal. Menos de esa cantidad tiene lugar, dicen los demógrafos, su aniquilación. Para el caso de los vascos del sur, descontando la natalidad de los inmigrantes, debe estar, en 2019, en 0,9 hijos por mujer, una cifra estremecedora. Sí, hay datos más “optimistas”, en especial aquellos que falsifica el INE (Instituto Nacional de Estadística) por orden del gobierno de Madrid, pero poseen el inconveniente de que son… “inexactos”[3]. Incluso contando con la natalidad de los emigrantes ya llegados, mi criterio es que no se logran los 1,3, de ahí la insistencia de la patronal “vasca”-española (de ella y de sus agentes culturales y sociales, progresismo político vasco, Iglesia, ONGs, intelectualidad institucional, etc.) de elevar a cifras astronómicas el número de emigrantes “necesarios”.

La respuesta fácil e indocumentada es “Bien, si no nacen niños suficientes se traen emigrantes y problema resuelto”. Pero esto, tan fácil, tan “humanitario” contiene diversos problemas.

Uno es que en 15-20 años quizá ya no haya ningún país del mundo donde coger (sustraer, robar, expoliar, saquear, depredar, rapiñar) mano de obra, porque el colapso demográfico es mundial. Cada año hay menos países con excedente de mano de obra y más países que necesitan mano de obra. Ya casi el único territorio planetario donde ésta es, por el momento, excedentaria es el África negra. Pero cuando China, exhausta demográficamente, se apodere de unos 20 millones anuales de trabajadores africanos para sí, lo que acaecerá en cinco años, ¿cuántos van a quedar para ser traídos a nuestros lares por los neo-negreros europeos? Porque también Japón, EEUU, Canadá, Rusia, Alemania, India, etc., etc., van a necesitar, los necesitan ya, trabajadores negros africanos…

Alguien aquí está jugando con fuego en este asunto. Con fuego y dinamita.

 

[1] Mi interpretación de este asunto está contenido en el video, editado en mi canal de YouTube, “¿Por qué están exterminando a los pueblos europeos?”.

[2] Etimológicamente, el vocablo genocidio viene del griego “genos” raza” y del latino, “cidio”, matar, de manera que significa asesinato o exterminio de una raza y, por extensión, de un grupo humano dotado de singularidades reconocibles, lingüísticas, culturales, históricas y, también, étnicas, genéticas o físicas. Ciertamente, las proclamas de las organizaciones patronales españolas, del gobierno de la Unión Europea, del clero católico, de las ONGs, de la casta progresista política y de las instituciones estatales españolas en pro de: 1) reducir a cifras irrelevantes los nacimientos nativos, 2) traer masivamente población foránea, encajan bien con la definición usual de exterminio intencionado, de genocidio. Por eso es pertinente hablar de genocidio europeo. Éste viola dos prerrogativas naturales, una es la libertad para reproducirse, otra la libertad para ejercer la soberanía sobre el propio solar ancestral, sobre la propia tierra. Ambas son hoy conculcadas en Europa con impunidad, arrogancia y virulencia.

[3] Esto, el “retoque” y también el simple falseamiento de los datos demográficos por los gobiernos es ya una práctica habitual, y lo va a ser mucho más. El gobierno español y sus terminales autonómicas son unos virtuosos de la cosa. Una denuncia, suave y amable de esa práctica a nivel mundial se encuentra en “El planeta vacío”, de D. Bricker y J. Ibbitson. En mi libro, arriba citado, ofrezco más casos. La causa última de ello es que, puesto que se ha constituido una situación de muy difícil solución a escala planetaria, la fórmula elegida es la ocultación, la falsificación, el engaño. Además de, por supuesto, el linchamiento de quienes estamos por el conocimiento de la verdad a través de un debate libre y responsable. Porque el genocidio en curso no afecta sólo a los pueblos europeos sino a todo el planeta. Marchamos hacia un colapso global, mundial, de proporciones descomunales, por la política de prohibición de nacimientos originada sobre todo con la persecución múltiple, persistente y feroz del erotismo y el sexo heterosexuales. Su expresión económica se encuentra expuesta en el capítulo de mi libro “¿Qué acontecerá en la economía de escasez mundial de mano de obra?”. 

Continúa...

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Fuente: https://felixrodrigomora.org/lengua-cultura-y-emigracion-en-euskal-herria-y-en-europa-2/

Vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=ytXCqakUkMU

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