Jueves, 02 Septiembre 2021 17:56

Los esenios y la revolución integral

Escrito por Kiko Bardají Cruz

 

Las gentes que apostamos por la revolución integral nos sentimos herederos del pensamiento y el combate del primer cristianismo. Una de las influencias inspiradoras del cristianismo fue el grupo judío de los esenios.

El primer cristianismo fue un movimiento revolucionario popular en lucha contra Roma. Roma es el Estado, también es llamado La Gran Ciudad; Babilonia la Grande; La Gran Ramera, madre de todas las abominaciones; La Bestia; La que actúa como si fuera Dios; El Imperio al que el dragón [el diablo] dio su poder y su trono, y gran autoridad; Sombra de Desesperación; Oscuridad ciega…

Hoy, 2000 años después, continuamos la lucha contra el Estado y recogemos el testigo de los esenios, que se lo pasaron a los cristianos, que se lo pasaron a su vez, a nuestros antepasados rurales ibéricos.

El que nuestro mundo rural popular tradicional haya sido como ha sido se lo debemos a la fusión de los restos de las cosmovisiones de los pueblos prerromanos y al cristinanismo antirromano revolucionario que vino desde el norte de África. Este cristianismo antirromano que cuajará en nuestra península ibérica no aceptará la conversión de la Iglesia en un brazo del Estado a partir del Concilio de Nicea del 325 por parte del emperador Constantino.

Es a partir de estas ideas antiestatales que nacen Asturias, Castilla, Navarra, Aragón, Cataluña y Galicia (completamente rurales en sus inicios). Es a partir de la lucha contra el imperio visigodo y más tarde contra el islámico (otro imperio romano/urbano más) que se institucionaliza el comunal, el concejo abierto, el derecho consuetudinario, la preeminencia de la rural, la abolición de la esclavitud, las comunidades de villa y tierra, los extensos sistemas de ayuda mutua y cuidados, las milicias concejiles, el mantenimento de los bosques y la veneración de ciertos árboles, los rebaños concejiles (volvió el predominio de la cabra y la oveja frente a la vaca, el cerdo y los cereales que preponderaron en Roma…)

Esto ha marcado la personalidad de las gentes ibéricas (una marca profundamente libertaria) hasta hoy mismo.

Para ser conscientes de donde venimos traslado aquí lo que Flavio Josefo y Filón de Alejandría escribieron sobre los esenios. Jesucristo, fundador del cristianismo, fue un esenio. Por lo tanto nos podemos sentir conectados a los esenios idealmente. Herederos de sus ideas fuerza. Continuadores de su cosmovisión.

Flavio Josefo subraya la dedicación de los esenios a la virtud. Recalca la austeridad de sus vidas y su desprecio de las riquezas, que les lleva a tener todo en común. Viven en comunidades a las que se entra después de un año de prueba. Son muy cuidadosos en las medidas higiénicas. Se estima mucho los escritos de los antepasados y se estudian con ahínco las raíces y plantas medicinales así como las propiedades de las piedras.

No admiten la esclavitud y promueven como idea axial el amor al prójimo. Las virtudes que se valoran son las mismas que en el cristianismo: la justicia, la fidelidad, el amor, la hospitalidad, el esfuerzo…

Tienen comunidad de bienes y su organización comunitaria tiene cargos que son vigilados y regulados para que no se vuelvan insolentes por exceso de poder. Rechazan los placeres como un mal, mientras que consideran una virtud la templanza y el no ceder a las pasiones.

Dice Flavio Josefo que es imposible encontrar en ellos a uno que se distinga de los demás por su fortuna. Su ley exige que toda persona que se les una debe desprenderse de sus bienes en beneficio de la comunidad. De manera que en ninguno de ellos se advierte ni una pobreza degradante ni una riqueza ofensiva. Poniendo en común los bienes personales, todos tienen, como hermanos, un solo patrimonio.

Eligen responsables para atender a los intereses de la comunidad, y los oficios especiales de cada responsable son determinados por el conjunto de los miembros.

Cuando viajan van armados. Para atender a los extranjeros que llegan a su comunidad o están de paso y necesitan descansar se elige a un encargado de atender y ofrecer todo lo necesario a los viajeros (ropa, comida, cama…).

Usan sus ropas y sandalias hasta que están completamente deterioradas, entonces las cambian, antes no.

Entre ellos no compran ni venden nada, sino que cada uno cede lo suyo al que lo necesita, llevándose a cambio lo que le hace falta; incluso puede coger lo que quiera sin ofrecer nada a cambio. Se lavan el cuerpo con agua fría.

Después de trabajar duramente se reúnen para comer y nadie puede probar nada hasta que no se acabe la oración. Cuando retornan a casa, cenan de la misma manera en compañía de los huéspedes, si hay alguno de paso entre ellos.

En la casa no se oyen gritos ni tumultos; para hablar se ceden la palabra unos a otros, por orden. El silencio se debe a su continua sobriedad y a la costumbre de limitar la comida y la bebida a las exigencias de la naturaleza. Contienen la ira, refrenan las pasiones, son modelos de fidelidad y promotores de la paz. Cualquiera de sus palabras tiene más fuerza que un juramento.

Al candidato que quiera ingresar en el grupo debe pasar un año en el que dé prueba de moderación. Entonces se le permite participar pero no se le admite aún en las asambleas de la comunidad. Después de demostrar su constancia, su carácter es sometido a prueba otros dos años más, y sólo entonces, si se le considera digno, es admitido en la comunidad de forma plena.

Tienen mucha observancia por la justicia con las personas y de no hacer daño a nadie ni por propio querer ni por orden de otro. Se ha de odiar siempre a los injustos y ayudar a los justos. Se ha de mantener la fidelidad a todos, especialmente a los que han sido investidos de cargos de responsabilidad. El poder que tienen estos cargos no han de volverse insolentes ni han de distinguirse pomposamente.

El esenio ama la verdad. Se guarda las manos del hurto y el alma de la ganancia impía. No se debe tener nada escondido a los demás compañeros, ni se debe revelar nada de ellos a los extraños aunque sea torturado hasta la muerte.

No se debe trasmitir los estatutos de la comunidad de forma distinta a como se han recibido.

Los esenios expulsan de sus comunidades a los miembros que son cogidos en fallos graves pero, movidos por la compasión, reciben de nuevo a muchos expulsados.

En las cuestiones judiciales son atentísimos y justos; y juzgan reuniéndose no menos de cien personas. Juzgan decoroso obedecer a la mayoría, así, en una reunión de diez, uno no habla si nueve no quieren.

Los ancianos son longevos tanto que la mayoría de ellos pasa los cien años a causa de la sencillez de su forma de vida y de la regularidad.

Desprecian los peligros; superan los dolores con la reflexión; estiman la muerte, cuando llega con honradez, como mejor que una inmortalidad.

Por lo demás, su ánimo fue sometido a todo género de pruebas por la guerra contra los romanos, en la cual, estirados y retorcidos, quemados y fracturados, hechos pasar por todo instrumento de tortura, para que blasfemasen del legislador; no toleraron someterse a ninguna de las órdenes, ni adular a los torturadores o llorar; sonriendo entre los espasmos y tratando irónicamente a quienes los torturaban.

Estiman que se debe luchar por obtener los frutos de la justicia. No se casan ni tienen esclavos, pues creen que lo último es inicuo, malvado e injusto, y lo primero, conduce a la discordia. Viven en común y se ayudan mutuamente.

Filón de Alejandría dice sobre los esenios.

Rechazan las ciudades y viven en aldeas. No acumulan plata ni oro, ni adquieren grandes fincas con el deseo de sacar beneficio de ellas, sino que sólo buscan lo necesario para vivir.

De entre todos los hombres son casi los únicos que viven sin bienes ni posesiones por libre decisión, no por mala suerte. Ellos se consideran extraordinariamente ricos, pues consideran que la frugalidad unida a la alegría es, como lo es de hecho, la mayor riqueza.

No tienen comercio a grande o pequeña escala porque rechazan todo lo que podría excitar en ellos la codicia.

Entre ellos no existen los esclavos, todos son libres y se ayudan mutuamente. No sólo condenan a los amos de esclavos como injustos porque perjudican la igualdad, sino también como impíos porque violan la ley natural que ha engendrado y alimentado a todos los hombres del mismo modo, como una madre, haciendo de ellos verdaderos hermanos, no de nombre, sino en realidad. Este parentesco fue herido por la astuta codicia, que infligió golpes mortales, instalando la enemistad en el puesto de la afinidad, el odio en el puesto del amor.

Los esenios estudian con gran interés la ética, sirviéndose constantemente de las leyes de sus antepasados. Uno de ellos coge los libros y lee en voz alta, mientras otro, entre los más instruidos, se hace adelante y explica lo que no se entiende. La mayor parte de su enseñanza se basa en el método de la alegoría [literalmente: mediante símbolos] según una antigua costumbre.

Se forman en la piedad, la justicia, las virtudes domésticas y cívicas, en la ciencia de lo que realmente es bueno, malo o indiferente, en la elección de lo que hay que hacer y en la huida de lo contrario, tomando como regla y criterio el amor a la virtud y el amor a los hombres.

Ante todo, ninguna casa es propiedad particular, cualquier casa es de todos; porque aparte de que viven juntos en cofradías, su morada está también abierta a los visitantes que vienen de fuera animados por el mismo ideal.

No hay más que una bolsa común para todos y los gastos son comunes. Todo lo que ganan lo ponen en común para que esté a disposición de cuantos deseen hacer uso de ello.

No se desentienden de los enfermos por el hecho de que no puedan producir nada. De hecho, disponen de todo lo necesario para curarlos gracias a los fondos comunes, y no temen realizar grandes gastos en los enfermos. Los ancianos gozan de respeto y de cuidados como padres asistidos en su vejez por auténtico hijos con extrema generosidad, ayudándolos con innumerables manos y rodeándolos de atenciones y cuidados.

Tales son los atletas que producen esta filosofía, que ignoran las sutilezas de la elocuencia griega, pero que proponen como ejercicios gimnásticos el cumplimiento de acciones encomiables gracias a las cuales se logra una absoluta libertad.

Filón de Alejandría en “Quod omnis probus sit liber” y Flavio Josefo en “La guerra judía” y “Antigüedades”.

Extraído de “Historia del cristianismo: el mundo antiguo” Volúmen I. de José Fernández Urbiña y Manuel Sotomayor.

 

Kiko Bardají Cruz. Pirineo Occidental

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Comentarios  

#1 Eva Senosiain 21-09-2021 10:53
Ojala fuera asi, ojala algunas gentes fuerais en verdad herederos de este primer cristianismo que trataba con amor y delicadeza a sus iguales y hoy no tuvieramos que leer la soberbia, la entrada en lo personal con la consiguiente falta de respeto y el atropello sin escucha que se ha ejercido contra Laia,
Vergonzante
Me da hasta grima pegar aqui el parrafo de " quizas en los 60 70 80 y por laemigracion andaluza, e tremeña etc o por tu profesion etc" que le dedicas con tanto amor en tu respuesta 3
Lecciones de los esenios!!!! Esto es cojonudo!!!

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