Sábado, 15 Mayo 2021 10:41

DIOS AL SERVICIO DEL PODER

Escrito por Antonio Hidalgo Diego - Colectivo Amor y Falcata

LA RELIGIÓN COMO INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN

 

  1. Hebreos, jázaros y religión judía

 

Los hermanos judeo-franceses Roger y Messod Sabbah aseguran que el origen del pueblo hebreo se encuentra en el antiguo Egipto. Después de un largo estudio en los campos de la filología y la arqueología, los dos investigadores han llegado a la conclusión de que Abraham, el patriarca del pueblo hebreo, no era natural de Ur, en la Baja Mesopotamia, sino que se trataba en realidad del faraón egipcio Akenatón, esposo de Nefertiti y adorador de un solo dios, así que introductor del monoteísmo religioso. Tras el breve reinado del joven Tutankamón, Ay, nuevo faraón y furibundo politeísta, ordenó la expulsión de Egipto de los adoradores de un solo dios afincados en la ciudad de Aket-Aton, la tierra natal de Akenatón y Nefertiti. Este fue, según los hermanos Sabbah, el ‘Éxodo’ que relata la Biblia y en el que Moisés condujo a su pueblo a la tierra de Canaán, entonces una remota provincia del imperio egipcio. Esta emigración dataría del siglo XIV a.C. y concluyó con la fundación del reino de Judea o Yahuda; ‘yahud’ significaría ‘adoradores del faraón’[1]. El psiquiatra judeo-austríaco Sigmund Freud llegó a la misma conclusión con un siglo de anticipación, cuando aseguró: ‘Si Moisés fue egipcio, si transmitió su propia religión a los judíos, fue la de Akenatón’[2].

Tras la diáspora del pueblo hebreo en los siglos I y II d.C. ordenada en primer término por el emperador romano Tito tras la destrucción del Segundo Templo de Jerusalén, los judíos se expandieron por ciudades de todo el mundo, fundando sinagogas y juderías. Sorprende que en la actualidad más del 80% de los judíos del planeta son del grupo ‘asquenazí’, es decir, descendientes de los judíos que durante la edad media poblaron Europa oriental y central y desarrollaron el idioma yidis, una lengua que aglutina elementos germánicos, pero también eslavos y de la lengua hebrea. Sorprende, porque los asquenazíes no son descendientes de los hebreos del reino de Israel, sino de los habitantes del reino de Jazaria que decidieron convertirse al judaísmo en el siglo IX d.C. La conversión al judaísmo de la mayor parte del pueblo jázaro se mitificó con la creación de un ancestro legendario común, Kozar, supuesto hijo de Togarmés, así que bisnieto de Jafet, uno de los tres hijos del patriarca bíblico Noé[3]. Los jázaros fueron un pueblo túrquico originario de Asia central que se asentó en la zona situada entre el Mar Negro, el Mar Caspio y el Cáucaso en el siglo VII d.C. El judaizado reino jázaro consiguió derrotar y frenar la expansión del Islam hacia el este de Europa, aliándose con el Imperio Bizantino. El reino de Jazaria acabó siendo absorbido por Rusia.

 

  1. Los orígenes del cristianismo y la persecución de los cristianos

 

El cristianismo fue un movimiento revolucionario que combatió al poder en la época de Jesús de Nazaret, enfrentándose a las instituciones estatales asentadas en Judea que dirigían los colonizadores de los ejércitos romanos en connivencia con el clero judío local. Tal y como muestran los Evangelios, y han analizado autores como el beato de Liébana, Friedrich Engels o Karl Kautsky[4], el cristianismo, además de una secta religiosa, fue un movimiento social-revolucionario que se opuso a la violencia de los legionarios romanos, a la avidez de los recaudadores de impuestos, a la codicia de los ricos mercaderes, al trabajo esclavo y al patriarcado impuesto por el derecho romano. Los cristianos propusieron una nueva sociedad basada en el amor al prójimo, la dignificación del trabajo manual, la comunidad de bienes y la toma de decisiones democrática a través de la ‘asamblea’ (palabra que en griego se denomina ‘ekklesía’, de la que ha derivado ‘iglesia’). Una base doctrinal que estaba presente entre los judíos esenios, pero también entre los vascones, celtíberos e íberos, razón por la que el cristianismo encajó a la perfección en la cosmovisión de los pueblos de la Península Ibérica que sufrían el yugo de un Imperio Romano en descomposición. El cristianismo fue uno de los fundamentos doctrinales de la Revolución bagauda de los siglos III al V d.C., que a su vez fue la punta de lanza de la Revolución altomedieval[5].

Como respuesta a la militancia cristiana, los romanos se emplearon a fondo en la persecución de los cristianos. Tras las primeras persecuciones protagonizadas por el clero judío, los emperadores de Roma Nerón y Domiciano (siglo I) comenzaron la temprana persecución de los cristianos, aunque ésta se agudizó con la crisis del Imperio en el siglo III y tuvo su máxima expresión un siglo después durante el mandato de Diocleciano, perpetrador de la llamada ‘Gran Persecución’ (303-313) durante la cual ciudades enteras fueron arrasadas y miles de personas fueron martirizadas por sus creencias religiosas en un intento desesperado del orden estatal por evitar el colapso de un Imperio agonizante. 

Hoy día los cristianos son un colectivo ridiculizado, perseguido y exterminado. Las películas y series de la televisión, los “intelectuales” de Twitter, los políticos de la izquierda y hasta los libros de texto identifican ‘cristianismo’ con fundamentalismo religioso, pensamiento anticientífico y curas pederastas[6]. Mientras los cristianos de Sri Lanka son masacrados, las actrices del colectivo Femen se desnudan como “protesta” frente a iglesias y catedrales, pero nunca en delegaciones del gobierno, comisarías de policía, edificios de la banca, mezquitas, sinagogas o pagodas. Solo en 2018 fueron asesinadas 4.305 personas en el mundo por el hecho de ser cristianos; uno de cada cinco cristianos del planeta (dos de cada cinco en Asia) está legalmente discriminado o su vida corre peligro a causa de sus creencias religiosas. Después de muchos años pasando por alto el genocidio, hasta el papa Francisco ha tenido que denunciar una persecución que es ‘mayor y tiene la misma crueldad que la que se vivió en los primeros siglos de la cristiandad’, una denuncia que han pasado por alto la mayoría de los medios de comunicación de masas[7]. Los Estados que están persiguiendo de manera más activa a los cristianos son: Corea del Norte, Afganistán, Somalia, Libia, Pakistán, Eritrea, Yemen, Irán, Nigeria, India, Irak, Siria, Sudán, Arabia Saudí, Maldivas, Egipto, China, Myanmar, Vietnam y Mauritania[8]. Solo en Francia ardieron 878 iglesias en 2017 y otros 1.062 templos cristianos fueron atacados en 2018[9].

 

  • La creación de la Iglesia romana para neutralizar el cristianismo

 

En el año 325 se celebró el Primer Concilio de Nicea, un congreso que reunió en la provincia romana de Bitinia (actualmente Turquía) a un buen número de obispos que acudieron a la convocatoria del emperador Constantino I el grande. El primer concilio ecuménico de la historia fue presidido por el obispo Osio de Córdoba, muy próximo al poder imperial romano, y tuvo como “logros” la creación del primer derecho canónico (leyes de la Iglesia, contrarias a los usos y costumbres populares), la estructuración jerárquica de la Iglesia en patriarcados y diócesis (presididos por arzobispos y obispos respectivamente), la unificación de la doctrina cristiana (con el celibato obligatorio para los sacerdotes) y la condena de la herejía arriana que negaba la divinidad de Jesús.

En resumen, el Concilio de Nicea supuso la creación de la Iglesia y la traición del clero “cristiano” al cristianismo original. La Iglesia romana permitió la supervivencia de un Imperio que tenía los días contados. Más que la obra de Jesucristo y sus seguidores, la Iglesia de Roma es una estructura de poder, rica y jerarquizada, así que esencialmente anticristiana. El arquitecto del Concilio de Nicea fue Constantino, el mismo emperador romano que había tolerado el cristianismo tan solo doce años antes en el llamado Edicto de Milán (313). En el año 380 el emperador Teodosio I el grande decretó el Edicto de Tesalónica, llamado A todos los pueblos, una ley imperial por la que el “cristianismo niceno” se convirtió en la religión oficial del Imperio, prohibiéndose incluso la celebración de sacrificios animales a los dioses paganos.

 

  1. El verdadero origen del Islam

 

Según la historiografía académica, Mahoma nació en la ciudad árabe de La Meca a finales del siglo VI d.C. y fue el profeta del Islam. Según los historiadores estadounidenses Jay Smith y Robert Spencer, en el siglo VII La Meca no existía, y Mahoma, tampoco. Así pues, la creación de un Estado islámico no respondió a un fenómeno religioso, sino estrictamente político y militar; la religión llegó después, así como el relato legendario de la vida del profeta. Los primeros textos que hablan de Mahoma datan de la última década del siglo VII; los documentos escritos por los pueblos que sufrieron la invasión árabe nunca hacen referencia a una religión, ni a su libro sagrado (el Corán), ni tampoco al profeta Mahoma, y no denominan a sus enemigos ‘islámicos’ o ‘musulmanes’, sino ‘ismaelitas’ (la expresión ‘ismaelita’ es equivalente a ‘agareno’ y en ambos casos se refiere a los descendientes de los personajes bíblicos ‘Ismael’, ancestro de los árabes, y ‘Agar’, su madre), ‘sarracenos’ (antigua tribu del norte de Arabia) o muhayirun(que significa ‘emigrantes’); incluso en las inscripciones y monedas islámicas no se menciona ningún aspecto religioso hasta el siglo VIII, llegando a inscribirse cruces en el relieve de algunas de sus monedas[10].

Mientras los ejércitos árabes conquistaban nuevas tierras y derrotaban a sus enemigos, el Estado islámico sometía a sus habitantes mediante la imposición de una nueva religión monoteísta que copiaba la mayoría de sus elementos del judaísmo y de los dogmas de la Iglesia cristiana. ‘Islam’ significa ‘sumisión’; ‘musulmán’ significa ‘obediente’. La religión musulmana no es más que una exitosa ingeniería social puesta en marcha por el califato omeya de Damasco y desarrollada por la dinastía abasí de Bagdad. Los mayores enemigos del califato eran dos imperios que tenían religiones bien asentadas: los bizantinos se apoyaban en la Iglesia cristiana y los persas en la religión zoroástrica. El Islam dotaba a un imperio tan grande y culturalmente diverso de cohesión social, al tiempo que garantizaba la identificación del pueblo (la ‘umma’ o ‘comunidad de creyentes’) con el Estado, un Estado militarista, totalitario, fiscalmente depredador, esclavista, liberticida y patriarcal. El papel de la religión islámica es similar al de los fascismos del siglo XX: conseguir que los individuos victimizados por el Estado estimen sus cadenas y apoyen la injusticia a la que están siendo sometidos[11]. Mientras que en Occidente el poder estatal quedó parcelado entre Imperio e Iglesia a través de la doctrina cesaropapista (‘al César lo que es del César…’), el Islam se establece como un credo político que no distingue entre los asuntos de fe y aquellos que tienen que ver con la guerra o el gobierno. La religión inventa un Dios y lo pone al servicio de la tiranía del Estado.

   

  1. El papel del Islam en la actualidad

 

El Islam se nos presenta como ‘la religión de la paz’ cuando es, justamente, lo contrario. Al-Andalus es presentado como un lugar idílico en el que convivían armoniosamente tres religiones: la musulmana, la judía y la cristiana; pero en verdad, la Hispania musulmana era una terrible dictadura esclavista[12]. Abderramán III era un psicópata, un tirano, un pederasta, un torturador, un asesino, un déspota que tenía hasta 2019 una estatua erigida en su honor en la localidad zaragozana de Cadrete, hasta que ésta fue retirada por orden del Ayuntamiento de derechas, ante la indignación de Unidas Podemos y la Chunta Aragonesista que calificaron la retirada de la estatua del califa de ‘intolerable’, ‘racista’ y motivada por el ‘odio’[13]. ¿Tan ‘racista’ como el propio Abderramán cuando acudía a la guerra con un ejército de esclavos negros que, para que no huyeran, defendían el campamento del califa de Córdoba encadenados con grilletes en los pies? ¿Tan llenos de ‘odio’ como Abderramán III cuando ordenó pasar a cuchillo a 500 prisioneros navarros durante el asalto a la fortaleza de Muez? ¿Tan ‘intolerante’ como demostró ser el monarca andalusí mientras se entretenía en su palacio de Córdoba torturando hasta la muerte a niños esclavos del África subsahariana o como cuando decidió besar y morder la cara de una niña de su harén antes de desfigurar su rostro con una antorcha porque la chica torció el gesto ante la repugnante acción del soberano adorado por la izquierda?[14] Otro que tuvo una estatua dedicada en su honor hasta el año 2013, en este caso en Algeciras (Cádiz), fue el caudillo militar Almanzor. Abu Amir Muhammad ben Abi Amir al-Maafirí, llamado Al-Manür (‘el victorioso’), se dedicaba a saquear ciudades y pueblos libres del norte de la Península Ibérica para debilitar al enemigo y, de paso, obtener un valioso botín de guerra del que destacaba especialmente la captura de niñas y jóvenes cristianas que luego eran vendidas como esclavas sexuales en los serrallos del mundo islámico. Sobra decir que han sido Unidas Podemos y el PSOE los partidos (feministas) que más se han indignado por la retirada de la estatua de Almanzor[15].

Mientras que el cristianismo es carca y contrario a las libertades, el Islam es guay, culturalmente enriquecedor y fascinante, o al menos eso piensa el progresismo europeo. Somos los habitantes de Europa los que tenemos que abrir la mente para aceptar las costumbres de los inmigrantes musulmanes, al mismo tiempo que los gobiernos de sus países de origen persiguen a los cristianos e impiden a los turistas europeos vestir a la manera occidental. Francisco Franco no pudo ganar la llamada Guerra Civil (1936-1939) sin el apoyo de los soldados marroquíes reclutados por el clero islámico[16]; el Tercer Reich se planteó islamizar Europa[17], proyecto que la Unión Europea de Angela Merkel está consiguiendo hacer realidad en el siglo XXI. Mientras escribo estas líneas, el archipiélago de las Islas Canarias está siendo invadido desde Marruecos por miles de hombres jóvenes musulmanes con la total connivencia de las “fuerzas de seguridad” del Estado español[18].

 

  1. Las nuevas religiones

 

El feminismo es una ideología que, al estar apoyada y promovida por los Estados, adquiere el carácter de ‘religión’. Como en una teocracia, el feminismo es una creencia obligatoria que tiene un clero poderoso formado por mujeres del mundo de la política, las oenegés y las administraciones estatales que renuncian al sexo reproductivo y ordenan a sus congéneres cómo deben actuar, guiando el rumbo de toda la sociedad. Aquel o aquella que no comulgue con la ortodoxia feminista, resultará marginado y se convertirá en un elemento peligroso para todes, en un hereje. El feminismo se nutre intelectualmente de los doctores de la fe de su particular santoral de ilustres feministas, y hasta posee un libro sagrado que todas citan y casi nadie ha leído, El segundo sexo[19]. El credo feminista se asienta en un dogma difícil de demostrar: el heteropatriarcado o histórica conspiración de todos los varones para someter a todas las mujeres a lo largo de la historia. La religión política feminista tiene diosas (las mujeres idealizadas como seres de luz), demonios a los que combatir (el machismo de los hombres heterosexuales) y mártires (las víctimas de la violencia de género), pero jamás se enfrenta al poder establecido, ni cuestiona las instituciones estatales o la propiedad privada concentrada, quizá porque las feministas son unas fariseas que dicen desvivirse por los derechos de la mujer, pero que jamás apoyan a las mujeres necesitadas[20].

La teoría del cambio climático provocado por el calentamiento global del planeta a causa de la emisión de gases de efecto invernadero es otra religión política y, como el feminismo, está promovida por los poderes estatales y supraestatales, recogida en el corpus legislativo y es predicada constantemente a través de los medios de comunicación de masas y el sistema educativo. El dogma de base es alucinado, estrictamente anticientífico y más increíble que la virginidad de María[21]. Los “científicos” mercenarios, los que reciben premios y fondos monetarios de las universidades siempre que alimenten el fuego de la mentira, son el clero fundamentalista de la religión del cambio climático[22]. Si unas pastorcillas de Fátima acudieron a un bucólico paraje para recibir la palabra de la Madre de Dios, una repelente niña sueca acudió a las televisiones para transmitir un mensaje al conjunto de la humanidad y convertirnos a todos, siguiendo su divino ejemplo, en creyentes y devotos calentólogos. El cambio climático ha establecido su particular pecado original: todos los seres humanos somos culpables de la destrucción del planeta en el que vivimos por tener el nivel de consumo que los mismos poderes que difunden la teoría del cambio climático nos han condicionado a mantener.

La última religión política que los poderes han inventado es el Covid-19 [C-19], una plaga bíblica que azota la humanidad como castigo divino por haber ofendido a los dioses. De nuevo los “científicos”, esta vez los médicos y sanitarios, se postulan como clérigos que dictan las medidas supersticiosas a las que debemos someternos para que los dioses nos dejen en paz y vuelvan a congraciarse con nosotros. El hiyab sanitario, el tapabocas, ese trapo sucio que cultiva hongos y bacterias y nos obliga a respirar nuestro propio detritus, se convierte en un preciado amuleto que “nos protege” de un virus que traspasa sin problemas la mascarilla más eficaz sin conseguir infectar las vías respiratorias[23]. El demonio está en todos nosotros, así que debemos alejarnos de él evitando relacionarnos con otras personas que podrían infectarnos, especialmente por la noche, cuando el influjo del Diablo debilita nuestra voluntad pecaminosa. ¡Ay de quien no crea en la religión covidiana! Ese pecador será tachado de hereje y condenado al purificador fuego de la censura y el oprobio por ser un peligroso negacionista. Gracias a Dios, los sacerdotes del siglo XXI ya han bendecido el nuevo cuerpo de Cristo, el ARN mensajero del Homo Deus, y todos comulgaremos de rodillas cuando seamos inyectados por la tan esperada “vacuna”, maná de los dioses que recibiremos después de haber expiado todos nuestros pecados y de haber pasado por una larga penitencia de ERTES que no siempre se cobran, asfixiantes barbijos [velo], solitarios confinamientos [encarcelamientos domésticos] perimetrales, paternalistas toques de queda y dolorosas pruebas PCR [palito por la nariz][24].      

 

  • Conclusiones

 

‘La religión es el opio del pueblo’, es la instrumentalización de los miedos y de las necesidades espirituales humanas por parte de los poderes estatales con el objetivo de cohesionar, adoctrinar, someter y debilitar la conciencia revolucionaria[25]. La moral religiosa se centra en la obediencia al poder establecido, en la obediencia a la ley. La capacidad de adoctrinamiento de las instituciones de poder se ha incrementado notablemente gracias a la universalización del sistema educativo y a la influencia de los medios de comunicación. Estas herramientas permiten el abandono de las antiguas religiones, divinas y milagreras, y la implantación de las nuevas religiones líquidas que evitan los discursos metafísicos extraños a la mentalidad materialista de nuestra época y se adaptan a la perfección a las necesidades estratégicas concretas de los Estados que las apoyan.  

La religión judía pudo nacer por iniciativa de un sector del aparato estatal egipcio que acabó por formalizar el Estado de Israel; la cohesión social que ha otorgado el judaísmo al pueblo hebreo les ha permitido renacer como potencia política y militar treintaicuatro siglos después. Los jázaros conformaron uno de los Estados más poderosos de su época gracias a la adopción de una religión extranjera que les diferenciaba de los imperios vecinos, el islámico y el “cristiano” (es decir, el Imperio Romano de Oriente). Los árabes dieron un paso más cuando decidieron crear la religión más estatista, belicosa y contraria a la libertad que se conoce. El feminismo ha permitido la incorporación en masa de las mujeres al trabajo asalariado, la atomización de la sociedad a través de la ruptura de la institución familiar y la reducción drástica de la tasa de natalidad. El dogma del cambio climático permitirá que los obedientes ciudadanos acepten de buen grado la llamada ‘Agenda 2030’. El Covid-19 ha dinamitado nuestras libertades fundamentales y anticipa una reducción drástica de la población europea.  

El cristianismo no fue una religión[26] hasta el siglo IV, cuando el poder estatal romano lo adoptó y adulteró para usarlo como herramienta de control social a través de la Iglesia. Hasta entonces, el cristianismo se había construido desde abajo, siendo un movimiento esencialmente popular y contrario a los intereses de la oligarquía de la época.

La crisis de las sociedades contemporáneas y la debilidad estructural de las instituciones estatales[27] anticipan el nacimiento de un nuevo movimiento social, popular y revolucionario, que debe recuperar los valores axiológicos y apoyar la creación de una sociedad más libre, más justa, más amorosa, más eficiente, más armoniosa y más humana. Ha llegado el momento de escoger entre ser un ‘muslim’, un obediente seguidor de las religiones del poder, sean éstas las que sean, o un librepensador autoconstruido comprometido en la edificación de una sociedad nueva  y mejor.

 

Antonio Hidalgo Diego  

                                                                                                                                     Colectivo Amor y Falcata

Fuente: https://amoryfalcata.com/2021/04/25/dios-al-servicio-del-poder

 

[1] Los secretos del Éxodo. El origen egipcio de los hebreos (2000) de Messod y Roger Sabbah.

[2] Lo que dicen que oculta la Biblia (24/12/2000) en el suplemento ‘Crónica’ de El Mundo.

[3] La decimotercera tribu (1976) del británico de origen judeo-húngaro Arthur Koestler.

[4] Consultar: Evangelios y Apocalipsis de San Juan (siglos I-II d.C.); Comentarios al Apocalipsis de San Juan (776) del Beato de Liébana; Contribuciones a la historia del cristianismo primitivo de Friedrich Engels (1882-1895), con prólogo de Félix Rodrigo Mora, Potlatch, 2021; Orígenes y fundamentos del cristianismo (1908) de Karl Kautsky e Ideología e historia. La formación del cristianismo como fenómeno ideológico (1974) de Gonzalo Puente Ojea.         

[5] Consultar: Sobre el gobierno de Dios de Salviano de Marsella (439-451), traducido por José Francisco Escribano Maenza; Los bagaudas: rebeldes, demonios, mártires (1996) de J.C. Sánchez León y  los artículos de Félix Rodrigo Mora: El golpe final al orden romano en Europa: la revolución bagauda en Vasconia en el siglo V, publicado por Biltzarre eta Historiazaleok y Revolución bagauda y arte medieval, ponencia presentada en el encuentro Iruña-Veleia y el cristianismo (19/11/2016).

[6] Entre los azotes del cristianismo en la actualidad cabe destacar la gran labor de miembros de la nueva Inquisición anticristiana y bien remunerada como son el “gran” actor y tuitero Willy Toledo o de “prestigiosas” revistas de “humor” como El Jueves o Mongolia. ¿Cuándo se atreverán estos progres a publicar una portada satírica contra el Islam?

[7] La persecución de los cristianos hoy es mayor que en los primeros siglos de la cristiandad, actualizado el 22/4/2019 y publicado por ABC.  

[8] ‘Lista Mundial de la Persecución’ (2021), dentro de Puertas Abiertas. Sirviendo a los cristianos perseguidos.

[9] Hispanidad (28/4/2019).

[10] Consultar los textos The truth about Muhammed: Founder of the World’s Most Intolerant Religion (2006) y Did Muhammad Exist? An Inquiry Into Islam’s Obscure Origins (2012) de Robert Spencer; la conferencia Mahoma: una crítica histórica de Jay Smith y el documental The Sacred City: Is Mecca Really the Birthplace of Islam? de Dan Gibson, ambos documentos disponibles en You Tube.

[11] ¿Se inventaron a Mahoma? Artículo de Robert Spencer publicado en Libertad Digital, 9/5/2012.

[12] Consultar El mito del paraíso andalusí: musulmanes, judíos y cristianos bajo el dominio islámico en la España medieval (2018) de Darío Fernández Morera.

[13] El Economista.es, 18/6/2019.

[14] Testimonios del historiador cordobés Ibn Hayyan (987-1075) presentes en la Crónica del califa Abderramán III An-Nasir entre los años 912 y 942 y recogidos por Félix Rodrigo Mora en su artículo Abderramán III: el déspota que quemaba la cara y mataba a niñas (30/12/2016) publicado en Esfuerzo, Servicio y Combate.

[15] Mediterráneo Digital, 9/1/2017.

[16] Investigación sobre la Segunda República Española, 1931-1936 (2016) de Félix Rodrigo Mora, Potlatch.

[17] Heinrich Himmler, el jefe de las Waffen SS, dijo: ‘Tuvimos dos oportunidades de evitar las guerras religiosas entre católicos y protestantes pero las dejamos escapar. La primera surgió cuando los árabes invadieron desde el oeste, desde Andalucía, y la segunda cuando los otomanos invadieron desde el este. Lamentablemente, los alemanes jugamos un papel importante en la derrota de estas dos invasiones y privamos a Europa de la floreciente luz espiritual de la civilización del Islam’. Adolf Hitler opinó: ‘Ya ven que nuestra desgracia ha sido tener la religión equivocada. La mahometana habría sido mucho más compatible con nosotros que la cristiana, mansa y débil’. Citas extraídas de la obra: Los musulmanes en la guerra de la Alemania nazi (2021) de David Motadel.

[18] Consultar el artículo Canarias en la encrucijada. La situación geoestratégica en el N.O. de África (17/2/2021) de Karlos Luckas, publicado en revolucionintegral.org.

[19] El segundo sexo (1949) de Simone de Beauvoir. Para comprender mejor el análisis de esta obra se puede consultar El Minotauro en Alcàsser. Crimen sádico, voluntad de poder y feminismo de Estado (2020) de Antonio Hidalgo Diego, Potlatch.

[20] Mientras el feminismo se indigna por la llamada ‘brecha salarial’, nunca participa de las cada vez más escasas luchas laborales de las trabajadoras explotadas o despedidas por la empresa capitalista; mientras el feminismo clama por los derechos de las mujeres, las niñas explotadas por los servicios sociales de las Islas Baleares (por poner un ejemplo entre miles) ven como las políticas feministas les dan la espalda para apoyar a sus explotadores, trabajadores y funcionarios del Estado. 

[21] Consultar el documental La gran farsa del calentamiento global (2007), producido por Martin Durkin.

[22] No seré yo quien niegue la destrucción del medio ambiente, un hecho tan evidente como preocupante que debe empujarnos a cambiar nuestro estilo de vida: reducir el nivel de consumo y gasto energético, y promover una economía no derrochadora, rural, local y autosuficiente, es decir, una economía comunal contraria a la de mercado. El cambio climático es una constante natural a lo largo de la historia, pero resulta evidente que la deforestación y la agricultura agroquímica, intensiva y de regadío han conseguido alterar el régimen de lluvias y acelerar la desertización de buena parte de la Península Ibérica. Consultar Naturaleza, ruralidad y civilización (2008) de Félix Rodrigo Mora. El calentamiento global causado por los gases de efecto invernadero no es solo la excusa de los poderes estatales para disponer del territorio a su antojo al margen de la opinión y los intereses de sus pobladores, sino que también se utiliza para ocultar las verdaderas causas del cambio climático.

[23] Consultar el Informe de Revisión Científica Covid-19 disponible en biologosporlaverdad.es.

[24] Recomiendo el excelente artículo Feminismo y Covid (11/3/2021) de Alexei Leitzie, publicado en revolucionintegral.org.

[25] Recomiendo escuchar la versión interpretada por Víctor Jara de la canción Preguntitas sobre Dios del cantautor argentino Atahualpa Yupanqui.

[26] La palabra ‘religión’ procede del verbo latino ‘religare’, ‘religar’, ‘volver a atar’. 

[27] Consultar Autoaniquilación. El hundimiento de las sociedades de la última modernidad (2020) de Félix Rodrigo Mora, Potlatch.

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