Lunes, 26 October 2020 10:00

Construyendo la libertad con nuestros vecinos

Escrito por  Colectivo Amor y Falcata
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1.-¿Que es un SPG?

Las siglas SPG significan “Sistema Participativo de Garantía”. Tiene otras denominaciones como CAP (Certificación Agroecológica Participativa) pero en definitiva consisten en establecer una relación de confianza entre los productores y los consumidores que permita legitimar y certificar ciertas producciones como aptas según las normas y reglas acordadas entre ambos. 

2.-¿Porque certificar?

En el mundo de la producción agropecuaria hay muchas maneras de manejar el ecosistema y sus habitantes (humanos, animales, vegetales y microorganismos). Los procedimientos convencionales pueden no respetar sus ciclos o necesidades; y muchas veces no se realizan tratamientos éticos para sus cuidados. Todo ello pensamos que daña al medio y a sus habitantes. Daña a los productores y a los consumidores y por eso es necesario establecer una diferencia entre los productores que si atienden a estas preocupaciones de los que no. También porque estas preocupaciones al no manar de una búsqueda principalmente económica, suelen diferir en precio y valor frente a los productos convencionales del mercado. Por todo ello es necesario certificar.

3.-¿Porque no utilizar las certificaciones existentes?

Actualmente existen muchos tipos de certificaciones y organismos que se dedican a ello, como el CAAE (Comité Aragonés de Agricultura Ecológica), DEMETER (Agricultura biodinámica), D.O.P. (Denominación de Origen) etc.

Todas ellas nacieron bajo un contexto de preocupación en el sistema de producción y en la pérdida de valores naturales y/o culturales en la agroindustria creciente. Pero todos ellos fueron creados y diseñados para ajustarse a un tipo de agricultura concreta, y en general a vigilar los procesos de producción en la agroganadería industrial, todo en un contexto emergente de desarrollismo urbano. Por ello sus exigencias no cuadran con las condiciones del pequeño hortelano o pequeño pastor, que escapa de tales parámetros y se hacen inviables. Por ejemplo, las normas de los Comités autonómicos de Agricultura Ecológica las impone la Comisión Europea desde Bruselas.

Además se dan situaciones paradójicas que no son nada éticas. Los sistemas de producción industrial tienden, por su estructura, a no poder evitar estas situaciones. Necesitan producir una gran cantidad, para abastecer la demanda de las grandes superficies y necesitan, por lo tanto, unos grandes beneficios que puedan hacer rentable dicha escala.

Estas situaciones provocan el acaparamiento de tierras y el gran latifundio;  buscan la competitividad de precios (dumping[1]); desarrollan monocultivos en su versión ecológica; tienen un alto grado de mecanización (que requieren una gran inversión no accesible a la mayoría de individuos); dependen de las subvenciones y, por lo tanto, son dirigidos por el Estado. Se da la paradoja de sustituir las cantidades ingentes de insumos de síntesis por cantidades igualmente enormes de insumos de síntesis “ecológicos” (que suelen suministrar las mismas empresas de agrotóxicos); desarrollan una explotación laboral monda y lironda.

Muchos de estos productos no son de proximidad y las variedades de semillas o razas de animales siguen siendo los que se adaptan a grandes producciones y a almacenamientos prolongados con grandes viajes; de tal manera que no hay una preocupación de la conservación de las cosas buenas de nuestra cultura pasada.

Y todo ello cabe dentro de un “sello ecológico”. Pero una pequeña huerta o rebaño (sin subvenciones) no podría entrar en dicho sello porque debe pagar al mes una cantidad al comité de certificación que hace inviable su producción y por que se le imponen unas exigencias que no entienden nada sobre la pequeña escala. La oficialidad ecológica del sello comparte unos parámetros que son muy compatibles y lucrativos con el meganegocio ecológico del norte europeo pero que no se adaptan a nuestros sistemas. Teniendo el estado español un 45% de territorio montañoso el pastoreo debería ser uno de nuestros fuertes pero resulta que el compartir pastos comunales con otros ganaderos en extensivo no es certificable por la oficialidad “por que hay cruce entre animales, algunos de ellos sin la certificación correspondiente”, siendo esto una estupidez porque la probabilidad de contaminación es ínfima.

Aun así, es la problemática propia que tiene un comité oficial dirigido por el Estado, ya que no establece unas reglas particulares a cada caso y trata de imponer un mismo molde para todos. En cambio un grupo de personas cercanas que conozcan la idiosincrasia y las posibilidades de la región son mucho más capaces de valorar muchas más variables para la certificación.

4.-¿Que aporta de positivo un SPG? ¿Que objetivos tiene?

Las experiencias de estos sistemas de certificación comunitaria, como puede ser ECOLLAURES en la comunidad valenciana u otras iniciativas en América Latina, han demostrado ser una herramienta de autogestión popular, que acercan de manera efectiva al consumidor y al productor. El trabajar juntos favorece las relaciones entre las personas y sus redes de distribución, apoyo y comunicación. También obedece a cubrir las necesidades de ambos colectivos juntos. Todo ello sabiendo lo difícil que es realizar proyectos comunitarios en el contexto de individualismo actual, pero que no por ello deja de ser importante en el crecimiento de las personas.

La agri-cultura no debe de dejar de tener ese componente de “cultura”. No debe pervertirse en el “agro-negocio”. Éste último nos despoja de ese escenario de conocimiento y responsabilidad humana, que solo se riega con el grupo humano. La base filosófica de este tipo de iniciativas es el bien común y la libertad. Una vuelta a tomar las riendas de nuestras necesidades en lo local.

Es muy necesario que todos valoremos y apoyemos las pequeñas iniciativas productivas que crecen en torno a la agroecologia. Detrás hay unos valores que merecen la pena: la libertad, el respeto a las personas, a la tierra, a los ecosistemas...  Son una parte sustantiva de la alternativa ante el mundo de desastre y crisis global. Todo simpatizante de la transformación integral debería estar metido en el grupo de consumo autoorganizado de su localidad y luchar dentro, junto a los demás, por la revolución.  

5.-¿Como hacerlo posible?

En numerosas ocasiones se habla de lo complicado que supone organizar una cosa así. Lo cierto es que requiere de bastante energía y motivación para arrancarlo. Pero esta propuesta que aquí expresamos es tratar de generar SPG simplificados, que no acaben con una díficil burocratización y en procesos realmente complejos que requieran mucha energía.

Lo propuesto aquí es una primera toma de contacto con esta realidad de los sistemas de certificación participativa, que esta abierta a cambios y sugerencias

a) cada grupo de consumo expondrá que valores principales deben seguir sus productos: por ejemplo, que no tenga explotación laboral, que no usen transgénicos, que no usen agrotóxicos, que sea pequeño, etc.

b) Luego que cada grupo de consumo exponga que valores secundarios les gustaría promover, pero que no sean exigencias, sino propuestas y sugerencias a mejorar en un futuro. Es fundamental cierto compromiso por parte de los consumidores. Por ejemplo: que se utilice fitoterapia preventiva en el tratamiento de las plantas, que se realice un % de ganadería regenerativa...

c) Los productores expongan sus necesidades mínimas con respecto a los consumidores y que juntos ideen nuevas formas, métodos y maneras. Por ejemplo: periodicidad, un mínimo de consumo, ayuda en determinado proceso,…

d) Los productores expongan objetivos a largo plazo que le gustaría cumplir.

e) Analizar la compatibilidad de ambos y los posibles procesos de cambio.

f) Establecer un régimen de visitas explicativas de como se realizan todos los procesos de producción y el contexto en que se producen.

g) Comparar y analizar como se produce en el mismo sector, y ver los pros y contras.

h) Establecer acuerdos y compromisos entre todos.

La relación de los consumidores con los productores promueve también algo de suma importancia y es que los primeros vayan dando el salto al campo e ingresen en las actividades primarias. Necesitamos un sector primario lleno de pequeñas explotaciones vigoroso y potente. El porcentaje de población que tiene que dedicarse a las actividades productivas para tener una sociedad sana tiene que ser de, al menos, el 60-70%; y no el 1% actual. Dedicarse al sector primario no implica que solo y exclusivamente hagamos eso, sino entendido como plurioficio y pluriactividad no especializada y colectivista. Tenemos mucho trabajo por delante así que el esfuerzo y la convivencialidad deben ser nuestros dos estandartes. 

La avalancha de males que se nos vienen encima con la nueva política europea llamada de “La Granja a la Mesa” va a ser tremenda. Buscan desarticular la autoorganización agroecológica existente y destruir su enorme potencial. El camelo, el engaño, el fraude, la estafa total de la retórica almibarada europea llena de palabras hermosas y de aspiraciones ecológicas trata de camuflar una lurte[2] de nueva regulación, intromisión, vigilancia, disciplinamiento, clientelismo, más burócratas, normativas, prohibiciones, dádivas envenenadas y, sobre todo, más jerárquía, más orden y mando y más Estado por todas partes.

Detrás de las bonitas palabras de la propaganda europea “late la voluntad de poder[3]. La Unión Europea es sobre todo “una mentira… vertical y colonizada por los mercaderes… un centralismo de nuevo cuño con un superorganismo burocrático parasitario.[4]

 

 

                                   María Bueno González y Enrique Bardají Cruz, cabreros del Pirineo oscense.

      24 de Octubre de 2020. Aragüés del Puerto.

 

                                                                                              Colectivo Amor y Falcata

                                                                                                                      Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

[1]Vender por debajo del precio normal o por debajo del precio de coste destruyendo a la competencia y expulsándolos del mercado.

[2]Aplicado en Huesca, se refiere a una masa de nieve o tierra que se derrumba de los montes de una manera impetuosa y con estrépito, esta acepción se la conoce como alud o avalancha.

[3]https://www.lavanguardia.com/internacional/20110215/54115137607/heleno-sana-no-creo-en-esta-europa-vertical.html

[4]Ibid.

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