Miércoles, 08 July 2020 13:36

PONENCIA: Velorio en verso: emoción, convivencia y erótica

Escrito por  Javier Pérez
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Propuesta para una fiesta integral e intergeneracional

El día que tú naciste

qué triste se puso el sol

al ver que otro sol nacía

con mucho más resplandor.[1]

¿Quién de nosotros lanzaría una copla para enamorar? ¿Quiénes somos capaces de cantar como nuestros antepasados? ¿Cuántos tocamos algún instrumento? ¿Quiénes, como nuestras mayores, saben villancicos y romances? ¿Cuántos bailamos y lo hacemos en pareja con gracia y armonía? Y lo primordial aquí ¿vivimos fiestas integrales e intergeneracionales con la convivencia, la participación y las emociones como elementos esenciales?

La respuesta a lo anterior es un claro indicador de la insuficiencia actual en el modo de divertirnos, dado que en las sociedades modernas la fiesta no es realizada por las mismas gentes y, prácticamente, tampoco es participada. Por ello, este aporte al IV Encuentro de Transformación Integral querría plantear el problema y dar a conocer una celebración que sirva de reflexión para una propuesta en su recuperación y desarrollo. Una vez justificada la necesidad de proponer otro modelo de fiesta distinto al vigente pasamos a identificar la deriva del problema. En segundo lugar, se presenta brevemente el velorio campesino en el litoral ecuatoriano. Por último, inspirado en esa vivencia anterior, propongo algunas líneas de actuación a medio y largo plazo para hacer posible la dimensión integral e intergeneracional en nuestras fraternidades. En ese orden: planteamiento-vivencia inspiradora-propuesta)

Podríamos sostener que la fiesta en su sentido integral ha desaparecido en las sociedades modernas. Bajo el sistema vigente los modos de divertimento y júbilo colectivo han sido desprovistos de sus cualidades esencialmente festivas de emoción, convivencia y erótica. Conforme a ello, esta propuesta se justificaría por la escasez de lazos convivenciales y afectivos imprescindibles para celebrar. Planteamos la idea de un cambio de modelo de celebración, es decir, la conversión de una fiesta como mercancía y evasión, a una fiesta integral, de unión, creada y participada por las personas. La fiesta que urge proyectar nos obliga a crear y a esforzarnos para construirla. Las causas que nos han conducido a una fiesta embrutecedora y deshumanizadora son medianamente conocidas,[2] obedecen a una conciencia que hace de la fiesta un medio para el propio goce, parece ese el fin, gozar a toda costa, incluso a costa de degenerarse.

La urbanización y gran influencia de la cultura de masas en toda la península desplazó las fiestas regionales del pasado, muy denostadas por los aires modernizadores y burgueses a mediados del siglo pasado. Desde entonces el desarraigo de las gentes del mundo rural precipitó a la vida urbana para la gran mayoría de habitantes del país. Lo anterior acompañó un cambio en la conciencia y las costumbres, con las cuales se pasó a difundir y escuchar la música altisonante que irrumpió en las vidas de los jóvenes. Poco a poco se fue imponiendo la moda y llegaron los Beatles, fenómeno de masas para ser replicado una y otra vez. El modelo materialista de fiesta como diseño y producto para venderse se pronunció tras el mayo del 68. La muerte de Franco y la transición al sistema parlamentarista estuvieron acompañadas de algunas medidas progresistas. Bajo esos aires modernizadores y desarrollistas se aparentaba haber conquistado la libertad. A ello contribuyeron los medios de difusión masiva que encumbraron a referentes de ‘la contracultura’ como héroes de una transición arreglada entre partidos.

En el plano lúdico y de nuevo alterne citadino ‘La Movida’ capitalizó el panorama como el paradigma de disfrute, a menudo esa Movida de los 80 fue gestionada por los ayuntamientos socialistas. Mientras la heroína devastaba a una parte la juventud, otra parte se adscribía a la novedad hedonista que también engendraba la inacción social[3]. Ese modo de divertimento se volvió mayoritario y, curiosamente, a día de hoy algunos de sus máximos exponentes siguen dictando la forma de ser moderno.[4] En líneas generales su estética sin ética y su exhibición nihilista parecieran aborrecer todo lo propio y pasado, y glorificar lo iconoclasta como forma de innovación y creación. La consigna era ser eternamente jóvenes (idea promovida al calor de esa generación del baby boom) y liberarse de esa nada en el consumo y el placer. Las réplicas de los noventa con la música electrónica y las drogas de diseño, y los 2000 con el botellón, se presentan como una continuación de esa ‘movida’ que ha extraviado un par de generaciones.

Velorio en verso

Frente a este panorama de soledad y de fiesta que envilece encontramos una antítesis a ese modelo (ya del pasado) en la pequeña aldea peninsular. Esa costumbre fue transmitida por la sistemática evangelización por América y se ha mantenido por la transmisión oral, siendo su fase inaugural y religiosa herencia de aquellos velorios y de aquel teatro sacro medieval también llamados Autos de Navidad de León y Castilla.[5] En la región montubia del Ecuador se vive y vivió ese velorio, conocido como la fiesta del Niño y también llamado chigualo. El encuentro se ha conservado prácticamente hasta nuestros días con esa secuencia de adoración mediante cantos al pesebre que continúan con convite, convivencia, juegos y baile entre aldeanos. Una ceremonia integral donde confluían la condición religiosa y espiritual, con la erótica, dionisiaca y festiva. Tres dimensiones de la conducta y la conciencia humana que no pueden pensarse de manera aislada: la interior e íntima, la afectivo-erótica y la exterior y co-existencial.

La fiesta, que encuentra su parentesco hispano y cristiano, cumple perfectamente con fases donde todo el mundo participa. En su totalidad se trató de una fiesta integral e intergeneracional. La fiesta es familiar y vecinal, para ambos sexos y todas las edades. Se establece en virtud de una portentosa red de comadreo. Siendo así, existe una gran iniciativa y motivación de las mujeres que, en la paraliturgia toman un papel protagónico, pues la adoración al mito, símbolo de ternura compartida, resulta un canto a la benéfica maternidad. Seguía a esa fase otra más mundana que da paso a los deseos, galanteos o rechazos. Esa tensión erótica se incentivaba con juegos de rueda y enamoramiento donde principalmente participaban jóvenes que se cantaban coplas de amor o desenamoramiento. Finalmente, en el momento para el baile en pareja aumenta esa emoción por una comunicación más instintiva, rítmica u orgiástica donde puede haber excesos en todo, especialmente en la exteriorización de las emociones.

El velorio montubio se convierte o convertía en esa fiesta lírica popular. Versos del Niño y versos de amor dan paso al convite y baile. En esas secuencias las funciones del canto se expanden; además de destacarse su función poética, ya que se eleva el lenguaje popular por sí mismo, prevalece la función emotiva, pues durante toda la velada predomina expresar los sentimientos y las preferencias de efusividad, primero en comunión y después en la convivencia y el baile. Además, el chigualo servía para otra infinidad de aspectos humanos y sociales. A la emotiva, se suma la función convivencial, que fortalecía los vínculos afectivos entre familias extensas; la función social, que proporcionaba cohesión a la comunidad; la función espiritual, gracias a la cual se trascendía en la belleza y verdad del canto; la función lúdica, por la cual se aseguraba la diversión y la exaltación del ánimo entre iguales; la función erótica, que incentivaba los deseos y la libido; la función estética por la cual se perseguiría la armonía y la sensualidad humana y de la naturaleza; y entre otras tantas, la función didáctica, ética o religiosa.

Propuesta (esquemática)

  • Recuperar el ciclo de fiestas en relación la tierra, la luna y los rituales de nuestros ancestros. Diferenciar según las comarcas o regiones.
  • Reestablecer para cada fecha marcada en el calendario un tipo de ceremonia, midiendo las posibilidades de llevarse a cabo y considerando la participación de todas las generaciones.
  • Reflexionar sobre la fiesta como proceso y experiencia en sí misma, también como medio, no para embriagarse sino para disfrutar con emoción con los iguales.
  • Recordar y registrar cantares que podamos reproducir y componer otros nuevos.
  • Repasar los juegos tanto infantiles como de tipo adulto para cada momento especial.
  • Recuperar los bailes en pareja.
  • Crear variaciones tanto de los juegos como de los cantos y bailes.
  • Repetir veladas regulares que nos permitan aprender, transmitir y disfrutar esos cantos, juegos y bailes con emoción.

 

[1] Amorfino (o copla de amor montubia): fue una composición poética sencilla o copla reproducida popularmente entre gentes del agrolitoral del Ecuador y cantada en juegos de rueda y enamoramiento.

[2] Pablo San José Alonso (2014). El opio del pueblo. Crítica al modelo de ocio y fiesta en nuestra sociedad. Alacant: Grupo Antimilitarista Tortuga. https://www.grupotortuga.com/El-opio-del-pueblo-Critica-al

[3] Probablemente, la droga de todo tipo (incluido el alcohol) fue el principal mecanismo liberticida del nuevo régimen.

[4] De entonces valgan solo dos ejemplos: Pedro Almodóvar estrenó Pepe, Luci y Bon… una película donde a fuerza de subvertir grotescamente tópicos del franquismo se le encumbró como el principal cineasta progre. El otro ejemplo fue Radio Futura con su éxito Enamorado de la moda juvenil

[5] Joaquín Díaz y José Luis Alonso Ponga (1983).

 

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Visto 357 veces Modificado por última vez en Jueves, 09 July 2020 16:21
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