Jueves, 25 Junio 2020 05:20

PONENCIA: Por un pacto global del Común

Escrito por  Antón Dké
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Es demasiado tarde para estar tranquilos (grafiti)

 Entre lo que sucede, no es lo más grave el estúpido narcisismo propio de gobernantes y propietarios. La verdadera dimensión de esta tragedia es que ese encantamiento cautive igualmente a gran parte  de los humanos.

Así, no es de extrañar la naturalidad con la que la mayoría social acepta el suicidio colectivo, y que esta unanimidad sea el máximo logro, el más universal y democrático, de  la civilización capitalista. No daremos más vueltas a un diagnóstico que a estas alturas de los tiempos ya no puede ser más obvio, nos limitaremos a dejar constancia, resumidamente:

-La civilización capitalista produce un tipo de ser humano que resulta perfecto emulador y ejecutor de las tendencias suicidas, por su egocentrismo, indiferencia, irresponsabilidad, destructividad...por toda una serie de inoculadas patologías víricas, plenamente activas en la personalidad de varios miles de millones de nosotros. Esa es la causa última de todos los grandes desastres que anuncian la proximidad del colapso de esta civilización: cambio climático, pandemias en serie, masiva extinción de especies, devastación de la biodiversidad, desmoronamiento del sistema productivo, comercial y financiero, el definitivo arrasamiento colonial de los países del tercer mundo, la precariedad generalizada en todos los mundos y la guerra por sistema.

De no encontrar pronto una vacuna contra ese virus, sólo podrá celebrarlo la Tierra, liberada por fin de dinosaurios demasiado grandes y de primates demasiado estúpidos.

*

Para proponer un remedio, mil quinientas palabras nos pueden parecer pocas, pero son demasiadas para el usuario de Facebook al que nos dirigimos mayormente. Tampoco hace falta recurrir a la espectacularidad escénica de un tink-tank, en el que un comunicador contratado se desgarra públicamente para conmover y convencer a un público cautivo. Si tenemos memoria, no hace falta derrochar tanta imaginación ni recurrir a tanto artilugio, probemos algo más simple, como por ejemplo, actualizar nuestros olvidos y ponernos, con el público, frente al espejo, hacernos algunas preguntas mejor  que  una retahíla de elaboradas respuestas, que si éstas facilitan la digestión, también lo es  que hacen perezoso  al cerebro. Pudieran ser estas preguntas, como punto de partida:

-¿Qué sería de este mundo si un día, movidos por la memoria de tiempos antíguos, nos diera por hacer un acuerdo de fraternidad universal, un pacto por el que cada cual se reconociera a sí mismo como un igual  a todos los otros, comprometiéndose a tratarles al menos como a sí mismo?

-¿Y si a cada cual nos diera por compartir y cultivar la abundancia de bienes naturales que nos ofrece la Tierra, en vez de pelearnos por cultivar la escasez en parcela propia?, porque si ésto funcionó cuando la Tierra era muy grande y nosotros sólo un puñado de pequeñas tribus, luego aldeas campesinas, por qué no iba a funcionar ahora, cuando es más necesario, cuando la Tierra se nos ha quedado pequeña y nosotros  somos tantos, ¡tan modernos y tan inteligentes!

-¿Podemos imaginar qué sería de nosotros si no tuviéramos jefes, si estuviéramos obligados a gobernarnos por nosotros mismos?, pero ¿y si ésto no fuera  tan imposible como ahora nos   parece?,

¿y si, aunque fuera fatigoso tener que pensar y decidir, nuestra vida resultara más entretenida e interesante, incluso más económica que ahora, que nos toca trabajar el doble, para  pagar el sueldo  de los jefes, además de la renta a los propietarios, los intereses a los bancos y los impuestos al Estado?

-¿No sería mejor volver a cuidar la Tierra, que nos dure su cobijo y alimento, no vernos obligados a emigrar a la desesperada y en patera, a otro planeta?, ¿es que nos sale a cuenta mantener a tantos parásitos, intermediarios, representantes, a todo el aparato estatal, que llega al absurdo de promover  la delincuencia y la guerra, como “nichos de empleo” para policías, militares y una inmensa tropa de agradecidos auxiliares, mayordomos y lacayos...al absurdo de hacer “sostenible” la miseria del trabajo, para que la industria nacional no pierda competitividad, oportunidades de negocio,  cuota  de  mercado?

Antes y mejor que “programa-programa-programa”, esas cuatro preguntas y una breve recomendación, la de vivir sin temor a la muerte, que como dijo aquél, ¿para qué sufrir a lo tonto, si cuando la muerte llegue tú ya no estás?...y que no se nos olvide otra cosa no menor, ¿cómo es que la mayoría de humanos, los que son mujeres, han llegado a ser tan débiles y manejables como el resto, que para  vivir necesiten  trabajar como ellos, como putas y esclavas, y que a mayores reclamen la protección  del Estado, el gran chulo?

Si este presente neurasténico nos llevara a reflexionar como Baldouin de Bodinat, sobre el poco porvenir del presente, “a sentir la inutilidad de las obras venerables y de todas esas nutritivas  golosinas espirituales que la historia ha acumulado sobre sus estantes”, pensemos de inmediato en la mayor inutilidad que supone el dulce abandono a la obediencia y la melancolía, complacientes del suicidio colectivo que anuncian los tiempos. No derrochemos horas ni poesía, que son tiempos de mascarillas y mucho facebook. Aceptemos estar hechos de bacterias y virus sin olvidar que somos parte de una misma y contínua cadena en la evolución de la vida, obstinada en perdurar y ser perfectiva, en superar toda enfermedad, en mutación constante y necesariamente revolucionaria. Ánimo, pues, que  también somos portadores de buenos virus.

 

Lo esencial de mi propuesta: autoconstrucción personal, procomún universal  y democracia de verdad 

Un acuerdo básico, común y global, necesario y suficiente para provocar un cambio radical, regenerador, la humanidad convivencial que queremos ser: alguien que sabe cuidar de sí como de la gente de su especie y del conjunto de la vida, en su singularidad, integridad y diversidad. Estamos hablando de una revolución de fondo y modo, de darle un revolcón al viejo modo de hacer revoluciones empezando por el tejado, que pusieron las finalidades delante de los principios y así les fue. Ya  tuvimos suficientes fracasos,  hemos escarmentado y también hemos aprendido.

1. Hacer el llamamiento a un pacto global del común, como virus mutante y contagioso, un torpedo en la línea de flotación de la agotada civilización capitalista. Un llamamiento a constituir una comunidad global, desplegada en comunidades convivenciales autoconstituidas y creadoras de contrapoder individual, popular y democrático, desde casa, la calle, la aldea y la metrópolis.

Tarea: convenir, redactar y difundir este Pacto por todo el mundo, por todos los medios y en todas las lenguas maternas que nos sea posible, junto a su traducción a la lengua neutra y universal del esperanto.

2. No esperar resultado inmediato, sino anticiparlo en la práctica, con virtud y efecto demostrativo: un ayuntamiento del común que se expande por el orbe, en cada lugar a su propia manera, con sus propios comunales y su propia autonomía/soberanía, ayuntamientos libremente asociados en redes comunitarias, mancomunidades   de   intercambio,   de   cooperación   y   ayuda   mutua;   personas y comunidades diversas, conjuradas y comprometidas en un pacto global de común respeto  a la vida y  a la tierra, de mutua fraternidad y comunidad.

Tareas:

-Autoconstitución de ayuntamientos del común. Se propone que dos o más personas suscriptoras de este pacto, siendo mayores de catorce años, estando en pleno uso de sus facultades mentales y habitando el mismo país, de común acuerdo, por su propia conciencia y voluntad son constituyentes del ayuntamiento (asamblea) de su comunidad.
-Organizar la resistencia y la confrontación ante las instituciones estatales, ante el Estado en su totalidad.

-Rescatar los antíguos comunales robados y crear otros nuevos, en democracia integral, ecológica comunal, hasta superar el censo oficial y acabar de disolver el aparato estatal/capitalista.

Se dice pronto, pero sabemos que costará largo plazo y esfuerzo, conscientes de la inmensa desproporción de las fuerzas enfrentadas, sabemos que además de voluntad y virtud, necesitaremos reunir grandes dosis de paciencia, capacidad organizativa e inteligencia estratégica. Mucha reflexión y debate, mucha experiencia y aprendizaje, muchos libros para profundizar en explicación de valores y principios, para diseñar y proponer alternativas en detalle, por ejemplo, de cómo construir casas y ciudades que no sepulten la tierra fértil, de cómo vivir sanamente, en comunidades de dimensión humana, con autonomía personal y colectiva, con frugalidad e inteligencia ecológica y, en definitiva, con virtud y alegría. Queremos, paso a paso, todo eso y mucho más. Basten, de momento, algunas mínimas precisiones y algún esquema que pudieran servirnos para empezar.

*

Común, comunidad, comunales

Común. El común es inclusivo, pero no son todas las personas, porque no es impuesto. No entran quienes no quieren entrar, no quienes se autoexcluyen o quienes sean contrarios a vivir con autonomía, responsabilidad y respeto, de sí mismos y del prójim; no quienes sean contrarios al respeto por todas las formas de  vida que  habitan nuestro planeta común,  no quienes promuevan, practiquen o se complazcan en la jerarquía y dominio sobre la naturaleza y sus iguales, o en la apropiación, privada o pública, de los bienes comunes universales. Ellos a lo suyo y nosotros a lo nuestro y común. No buscamos su extinción, pero tienen que saber que en caso de agresión siempre nos defenderemos.

Así, son del “Común” quienes asumen su compromiso con los principios convenidos en este Pacto,  que acordamos como hipótesis de partida, en un presente creativo, hacia un futuro abierto que no queremos escrito ni predeterminado.

Comunidades. Una banda de criminales, un partido político, un banco, una empresa capitalista, incluso una comunidad nacional o “Estado”, pueden considerarse a sí mismas como comunidades sólo por tener un objeto común, que bien pudiera ser caótico y destructivo. Las comunidades a las que aquí nos referimos son de naturaleza bien contraria: ética, orientada, perfectible.

No tenemos porvenir sin dar la vuelta a la falsa creencia contemporánea en la humana superioridad sobre todas las formas de vida; ésta no es cierta, como bien prueba nuestra propia historia. Cierto que el habla nos diferencia con ventaja sobre el resto de animales, un grado más de conocimiento y conciencia, pero de nuestra evolución histórica, del punto al que hemos llegado, sólo podemos concluir que estamos estancados en nuestra animalidad primaria, a la que podemos llamar “civilización”, progreso, capitalismo...pero la realidad es contumaz y muestra lo que ciertamente es, una regresión a aquella edad salvaje, previa e inferior a la del homosapiens, que ya vivía en comunidad cuando intentaba articular las primeras palabras. Y eso no se puede camuflar mediante un espectacular despliegue tecnológico-científico, que cree saberlo todo, pero no quiere averiguar por qué nuestra especie “avanza hacia atrás” durante los últimos siglos, en contra de la evolución, en un viaje al pasado remoto, a la lucha salvaje por la supervivencia, en una vuelta regresiva a la ley natural más antígua, la de nuestro orígen prehumano.

Es posible otra visión de la naturaleza que somos, ahora dirigida hacia la perfección evolutiva, sin apartarnos de la animalidad que nos constituye, asumiendo la responsabilidad que nos toca por ser la especie más consciente, para no desperdiciar el grado de libertad, conocimiento y conciencia que hemos desarrollado en mayor grado que el resto de especies... y aunque sólo fuera porque somos el único animal que habla y conversa con otros, aunque sólo fuera por eso.

Me refiero aquí a las comunidades convivenciales o prepolíticas y a las propiamente políticas. Son de las primeras, por grado de proximidad:

-Las comunidades domésticas, integradas por los individuos que conviven bajo el mismo techo común.

-Las comunidades urbanas o vecinales, integradas por quienes conviven en una misma urbe común, cualquiera que fuere su tamaño.

-Las comunidades paisanas, integradas por quienes conviven en un mismo país o paisaje, comarca o territorio común.

-Los pueblos o comunidades populares, integradas por quienes poblando urbes y países próximos y diferentes,  comparten habla, costumbres y cultura común.

-La comunidad global, integrada por todos los humanos que quieren convivir y compartir en común los bienes de la Tierra y del Conocimiento.

 

Comunales

-Comunal o Procomún Universal es el conjunto de bienes primarios, materiales e intangibles que, por este pacto global del común, son declarados universalmente comunes y compartidos. Son el conjunto total de los bienes naturales existentes en la Tierra y son el conjunto de bienes derivados del conocimiento humano producido, acumulado y transmitido socialmente entre las generaciones a lo largo de la historia.

-Comunales propios son los bienes, materiales e intangibles, producidos y autogestionados por cada comunidad, a partir del uso ecológico -justo y racional-, de los bienes comunes primarios, los del Procomún Universal.

 

Comunidades políticas

Son aquellas comunidades convivenciales cuyas condiciones naturales y capacidad de autogobierno (democracia) las hacen autosuficientes, plenamente autónomas y soberanas, formando parte de mancomunidades y redes confederales de cooperación y ayuda mutua. Son la forma más avanzada de organización social.

 

En anexo: se adjunta esquema general, de principios, organización y estrategia.

Autor: Antón Dké Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. www.blognanin.blogspot.com

 

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Anexo

Visto 151 veces Modificado por última vez en Jueves, 25 Junio 2020 20:24

1 comentario

  • Enlace al Comentario Yu Amortoyu Viernes, 10 Julio 2020 23:57 publicado por Yu Amortoyu

    El común....bueno, a mi me gusta más lo que recomendo mi amigo Mario, el brujo de los Pirineos del Norte: lo común.
    Lo común es indeterminado y así lo puede incluir todo.

    Lo común (en cuanto a humanos) y todo lo que concierne a las posibilidades que esa palabra tiene, sólo puede ser decidido por todo/s y cada uno de lo/s que forma/n parte de él.

    Poco más se puede decir.

    Una asamblea que lleva ya de antemano los puntos que tiene que ser tratados, la manera de debatir y los tiempos y como han de tomarse las decisiones es una traición a la asamblea, que no es más que la reunión de todos y cada uno de los que han querido libremente acceder a ella.
    Si tienen que acceder a ella bajo unas condiciones, obviamente los asambleados serán esclavos de esas condiciones que ellos no han podido (todos) pergeñar, ni decidir.

    ¿Porque no nos atrevemos a empezar una asamblea desde un PUNTO 0?

    Claro, todo tiene que estar controlado, con lo que hacemos lo mismo que aquellos a los que criticamos.

    Mi propuesta es un experimento, una asamblea sin nada previo....Es decir realizar el hecho que la palabra significa: Reunión.

    Nada más se puede decir, puesto que cada uno de los componentes de la asamblea es soberano y esa soberania individual es la que hace soberana a la asamblea, porque la asamblea es un concepto vacio de contenido, si no están todos y cada uno de los seres humanos que la componen.

    ¿Te atreves?

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