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Martes, 17 Julio 2018 16:30

Los privilegiados cierran filas

Escrito por  Laia Vidal y Pablo Sastre
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Nos parece bien que se hable entre nosotros del tema de la emigración sin tabús, sin que por dar tus opiniones te califiquen de racista, de izquierdista, de ignorante o cómplice de tal...

HEMOS leído en un artículo de Félix (Africa: revolución, no emigración): "Que cada territorio, país, continente, se autoabastezca de personas".

... Como si esta decisión de autoabastecerse –al igual que la contraria, de traer la mano de obra de otros sitios– la fueran a tomar, o la pudieran tomar, comunidades locales, asambleas populares....
Son las gentes del poder las que, a su conveniencia, abren y cierran las fronteras.
Más que decidir, desde no sabemos qué instancias, de dónde debe Europa "abastecerse", debería ser cada territorio quien decidiera qué quiere hacer al respecto.
Que, por cierto: ¿si una asamblea popular decidiera acojer, en el pueblo que gobierna, no sé cuantos emigrantes...?

DE PASO, algo que está muy en boga:
Parece que Europa está abriendo sus fronteras a tope y como nunca, que está impulsando la anulación de sus propias etnias y culturas.
Pues, no parece que sea tan así, viendo cuanta gente está muriendo en la mar, queriendo llegar al continente.
Por otro lado: aquellos que subrayan los perjuicios de la emigración, hablan de los grandes males que ha traído, sobre todo el aumento de las violaciones, la violencia... nada dicen de lo bueno que conlleva: como si nada bueno hubiera.

SEAN cuales sean los planes de la élites, nuestra acción, pensamos, debe sustentarse en el principio de la defensa de la libertad de desplazarse... y de la de no hacerlo. Sin negar, desde luego, que dichas élites suelen tener interés en que nos desplacemos, o no lo hagamos, o hagamos cualquier otra cosa.
Vemos que, a quienes toman esta parte (favorable, digamos, a la "libertad" de emigración), Félix califica de "neo-esclavistas blancos de la izquierda, partidarios de hacer la sustitución étnica, es decir, la limpieza racial de los pueblos europeos por medio de los inmigrantes africanos". (¿Por qué no dice asiáticos, o latinos, o europeos del este, o gitanos de Rumanía, etc.?)
... Los privilegiados cierran filas.

FÉLIX generaliza que da miedo; nos dice, por ejemplo, lo extraordinariamente "misóginos" que son "los africanos"... razón de más, y de peso, al parecer, para no quererlos en Europa.
Estudiantes, trabajadores, busca-la-vida, refugiados... hete aquí a todos en un saco. Además, quienes emigran, dice, "son el sector peor de la población, el que se desentiende de su gente"... Mismo consejo, si no palabra de orden, para todos: NO VENGÁIS.
Qué mal suena...
Nos dice Félix que África es, y va a ser más en el futuro, un "espeluznante criadero de seres humanos" y un "régimen odioso de criadero-granja de personas".
¿Está bien que digamos que el País Vasco, a finales del siglo XIX, época de grandes emigraciones, fue un "espeluznante criadero de seres humanos"? ¿O que Extremadura, en los años 60, era un "régimen odioso de criadero-granja de personas"? ¿No embestiza y niega humanidad a la gente de los sitios hablar así de ella?
Subraya Félix, y es frase que viene a resumir su discurso: "Los africanos son para África, no para Europa".
Es decir, los africanos no son bienvenidos en Europa.
Traduzcamos. El año 1965 dice un alemán: "Los españoles, para España". O, el mismo año, dice un milanés: "Los sicilianos no son bienvenidos en Lombardia".
Para dónde son los gitanos.
Qué es Europa.
Hasta cuando es africano un africano.

EN SU ARTÍCULO, aconseja Félix a los africanos que, en lugar de venir a las Europas, trabajen en su continente, hagan allí la revolución. (¡Cuántos consejos llegan a África desde Europa! y ¡qué poco oímos, y escuchamos, no ya consejos, sino voces simples que nos hablan sencillamente desde allí!).
Con todo, Félix sabe que sus palabras difícilmente llegarán a oídos africanos. Es, por tanto, a los europeos a quien habla – para que, desde una perspectiva supuestamente revolucionaria, cerremos filas contra la inmigración: mal de males, de repente.

VOLTEANDO la frase, podríamos decir:
Los europeos son para Europa, no para otros sitios.
Es decir: No vayáis a África, europeos (ni a Asia, ni a Indio-América, etcétera).
No vayáis: ni para hacer turismo, ni a invertir, ni en ninguna otra misión.
Es esto lo que nosotros, europeos, desde nosotros mismos podemos ofrecer, sin imponer a nadie prohibiciones, y sin dar a nadie consejos de buen padre.
Castellanos que vivís en Portugalete, Madrid o Burgos-capital: volved a vuestra aldea.
Españoles que vivís en Estados Unidos, Francia o China: id haciendo las maletas.
Europeos que en África vivís, o que a África venís: no os queremos por aquí.
Europeos: dejáos de monsergas y haced vuestra revolución de una puta vez.

LOS INMIGRANTES, en sí mismos, no son causa principal de nuestra desculturación. Es la cultura homogenea de masas, de origen no precisamente africano, la que, desde numerosos frentes, nos desculturiza más y más.
Atendamos a la explotación laboral, a la desintegración de comunidades y familias, al apartheid de niños y de ancianos, a las mutaciones tecnológicas, a la deshumanización rampante...
Claro, las nuevas emigraciones van a cambiarnos, es decir, van a seguir cambiándonos, ya que, como especie, nunca hemos dejado de cambiar...
Es, en todo caso, cambio inevitable...
Estaría bien que investigáramos en el comunalismo africano, mucho más vivo, por lo que sabemos, que no lo es, hoy en día, el europeo...
En todo caso, tenemos bien claro, que lo que los inmigrantes amenazan no es nuestra cultura –la cual, por el contrario, podrían, con sus propias culturas, vivificar y hacer reflorecer– sino nuestra economía: nuestros privilegios.

NOS PARECE justo que se diga que la revolución africana debe atender particularmente a los problemas propios, los que antes de la colonización europea ya tenía, y después siguió teniendo; nos duele, sin embargo, que se quiera minimizar la influencia del colonialismo-imperialismo.
Félix descalifica la historia africana de un plumazo, reduciéndola a una sucesión de estados esclavistas. Hablando de los excesos y las atrocidades que los líderes independentistas africanos cometieron, omite los horrores contemporáneos, y anteriores, de la colonización y las masacres imperiales, sin las cuales no puede entenderse la historia, ni lo que ahora está pasando.
Este tipo de negacionismo (por omisión) nos parece inaceptable.

CONOCEMOS la historia; sabemos qué está pasando; debemos ser conscientes y actuar en consecuencia.
Frente al problema de la fuerza de trabajo que viene o no viene o que se va, podemos:
- desentendernos, insensibilizarnos: que no vengan, que les den; nosotros no tenemos culpa...
- tratar de paliarlo: trabajar en una ONG, dar un poco de dinero...
- luchar por resolverlo. Es grande la impotencia del que querría hacer algo más y no sabe qué...
Escuchemos, en este momento, el consejo que nos da, desde la India, un viejo compañero: "Luchad en vuestro país; sobretodo... no seáis egoístas: no hagáis frente con vuestros hijoputas locales. ¡Luchad junto a nosotros!".

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