Sábado, 09 Junio 2018 07:47

Reflexión sobre la agroecología urbanita madrileña y su arremetida contra un buen hortelano

Escrito por  María Bueno y Enrique Bardají
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Este escrito es una toma de posición ante la expulsión de Javier de Miguel, hortelano del la cooperativa agroecológica Bajo el Asfalto está la Huerta.
 
Este grupo madrileño tiene mucha solera en la lucha contra la agricultura industrial, ecocida y deshumanizadora que nos ahoga. Lleva muchos años funcionando y es bastante conocida. Hay otros BAH en otros puntos de la península. Este grupo posee una fértil huerta en el sur de Madrid y Javier trabajaba en ella.
 
El BAH tuvo en un principio una factura libertaria pues se forjó a través de la ocupación de tierras; el asamblearismo; la independencia financiera y el rechazo a las venenosas subvenciones que ponzoñan todo; la participación activa; la reflexión política y filosófica; la ecología; la convivencia o la salud. ¿Porqué? Por que en su seno existía una mínima conciencia de qué es el Poder y cómo funciona. No nació para ser correa de trasmisión del Estado en ninguna de sus facetas. No nació para ser un instrumento propagandístico de ningún partido, ayuntamiento o gobierno; ni para servir en la siempre inmoral lucha por la conquista del Estado. No nació para difundir frívolamente la agroecología socolor de recibir regalías del poder.
 
Javier es un excelente trabajador, esforzado y detallista; y la huerta ha ido estupendamente mientras él ha estado enzarzado en este pedazo de tierra.
Que Javier se guía por el principio del esfuerzo y no por el hedonismo burgués es algo que, nadie que le haya tratado, puede negar. Es una persona joven que desde muy pronto decidió enfrentarse a las actitudes insensatas que con las drogas y el alcohol ha tenido la izquierda, -supuestamente radical-, desde la Transición. Nunca lo ha hecho desde la imposición sino desde el ejemplo, desde lo que se ha llamado siempre la propaganda por el hecho. Es un autodidacta reflexivo que busca aprender y difundir lo aprendido. Se declara en rebelión contra el mandato institucional, -de derechas y de izquierdas-, de ser un adorador del bienestar, del placer, de la ataraxia y del interés particular capitalista.
 
Javier rechaza al Estado como regidor de nuestras vidas así como considera que el capitalismo es el hijastro cruel y necesario de éste. El Estado necesita, crea y promociona el sistema capitalista para poder realizar una fiscalización siempre ascendente que le permita aumentar su poder en la continua y terrible competencia interestatal. Considera que el capitalismo y el Estado siempre son uno y lo mismo; en esto se desmarca de la izquierda proestatal que sólo ve el problema en el sector privado del capitalismo y nada dice, o muy poco, del Estado y su naturaleza.
 
El Estado realiza sobre el pueblo una explotación fiscal tanto o más potente que la extracción de plusvalía que un capitalista realiza sobre los trabajadores. No sólo los capitalistas viven del esfuerzo y el trabajo del sector popular de la población sino que una numerosa hueste de funcionarios pastan en el presupuesto arrancado bajo coacción en la forma de impuesto, de ahí la palabra. La burguesía de Estado, capitalista, partitocrática y policial, vive y goza a costa del pueblo.
 
El nuevo, pero envejecido y senil, despotismo ilustrado del cambio florece y prolifera entre los millones de euros sustraídos a la gente común. Una nueva red clientelar se crea o se empalma a la ya existente, haciendo cada  vez más elefantiásico todo el entramado. Todo un mundo izquierdista resumido en: Realpolitik; populismo; maquiavelismo; industrialismo; doble lenguaje; pragmatismo; lo políticamente correcto y el servicio descarado al capital, al orden constituido y al Estado.
Orbitando alrededor de estos viejos nuevos políticos siempre hay un grupo de anarcoestatistas que les justifican, les ríen las gracias, se inclinan ante ellos y les adulan, creyéndose las mentiras de los círculos o deslumbrándose ante los currículums de un pasado de activismo de estas nuevas autoridades.
 
Muchos saben que para entrar, medrar y acopiar cuantiosos cuartos en la red de grupos subvencionados, fundaciones, sindicatos, universidades, organismos, ong´s, patronatos o institutos, -e incluso hacer tus pinitos en la cadena de mando partitocrática-, es necesario acumular en el historial monótonas procesiones en los manifestódromos de siempre, practicar un activismo rutinario, hacer acto de presencia en los sitios adecuados y repetir las consignas oficiales -consignas que se van moderando según se van adquiriendo cotas de poder-.
 
Sigue siendo válida la experiencia acumulada en el XIX del ruso Bakunin con los populismos izquierdistas de siempre: “los patriotas del Estado usan a las masas populares como pedestal pasivo y la sacrifican siempre al interés del Estado. Es evidente que quien tiende al Estado debe renunciar al socialismo, debe sacrificar la emancipación de la gente a la potencia política de un partido privilegiado cualquiera”.
 
Javier siempre se ha desmarcado de la derecha y de la izquierda. La consideración que ésta última hace del Estado como una herramienta neutral le parece falsa y peligrosa. Considera que el Estado es una corporación que sólo se sirve a  sí misma. Es consciente que el ser humano nunca debe ser objeto de dominio, nunca, ni siquiera para encauzarle hacia el bien. Y considera a su vez que el mandar sobre un igual es una inmoralidad que degrada sin parangón al mandante y al mandado.
 
El Estado no deja a las personas desplegar sus capacidades; y con esto genera la atrofia de aquellas. Cuanto más grande es, más absorbe las funciones de la comunidad que irremediablemente disuelve. Decir Estado es decir atomización social, depresión y desencanto con la vida. Si el ser humano es definido por las capacidades que puede desplegar nos encontramos ante un mecanismo eficientísimo de deshumanización.
Nuevamente no ha sido Javi el primero en decirlo: “La máquina administrativa, por excelente que sea, no es nunca la vida del pueblo; es, al contrario, su negación absoluta y directa” (Bakunin).
 
El motivo que ha provocado la vehemencia de unos pocos contra él y su consiguiente expulsión, ha sido el carácter libertario de sus planteamientos. Por lo que nos encontramos ante un caso flagrante de persecución de una persona por sus ideas, de represión por mantener una fe o credo propio, de violación de los principios básicos de respeto a la libertad de conciencia y expresión. Gente con mucho rango en el BAH se  ha aprovechado de su carisma para reprimir disidencias con el pensamiento e ideología oficial. Eso, aquí y en Tumbuctú, se llama estalinismo o fascismo de izquierdas. ¿Por qué tanto miedo?
 
Pues bien, Javier escribió un texto reflexivo -que es el que ha motivado su depuración-, sobre el proceso de asimilación de las ideas burguesas que ha sufrido la lucha contra el sexismo y por la liberación de la mujer en la forma de feminismo de Estado. Javier quiere alertar sobre cómo esta  influencia del pensamiento burgués liberticida no conduce a nada bueno, y valga de ejemplo, lo que ya le pasó lo que en su momento a la CNT con la libertad de creencia y el poder.
La Confederación Nacional del Trabajo, sindicato mayoritario de los años treinta ibéricos, -hoy de capa caída por incapacidad para diferenciarse del izquierdismo socialdemócrata-, lideró con bravura y coraje la lucha contra la discriminación y los despidos causados por cuestiones de pensamiento, fe, creencia, ideas, opiniones, concepciones, convicciones, credos o doctrinas.
Esto no evitó que se viera contaminada por el anticlericalismo burgués de izquierdas que no diferencia entre cristianismo y catolicismo romano; y que propugna, forzar a las personas para que dejen de creer en lo que creen.  Esta absorción irreflexiva del pensamiento burgués, jacobino y totalitario de izquierdas llevó a muchos de sus militantes a cometer actos crueles, despiadados, bestiales y brutales contra personas que sólo eran culpables de tener su propia fe. Baste como ejemplo el exterminio de los misioneros claretianos de Barbastro, -algunos torturados salvajemente-, que realizaron miembros de la Columna Durruti en agosto de 1936.
 
Javier, -o Javi como le llamamos quienes le apreciamos y loamos su valentía de hablar aún sabiendo que en esos círculos no hay libertad aunque aparenten que sí-, envió un texto que puso de los nervios al ciudadanismo, buenista por fuera pero matón por dentro.
 
En el texto que ha desatado su purga, denunciaba al llamado feminismo, que transforma el mandato patriarcal romano y jacobino del código civil de 1889 (vigente hasta 1978) que dice: “el marido debe protección a su mujer; la mujer obediencia al marido” en el un nuevo mandato feminista: “el Estado debe protección a la mujer; la mujer obediencia al Estado”.
Javi trata de explicar cómo este feminismo trunca toda aspiración liberadora manteniendo la idea de la mujer como sexo débil a proteger.
 
Javi sabe que el patriarcado no es una cuestión biológica de los hombres sino un asunto de poder y por eso deplora del actual sexismo galopante. Javier, también sabe, que una de las más exitosas formas de gobernar una sociedad desde las élites es el divide y vencerás. En este sentido el intento de enfrentar a los sexos es la mejor estrategia para destruirnos como humanidad puesto que el individuo queda frente al Estado sin ningún tipo de hermandad con sus iguales. Todo esto llega en el culmen de un proceso donde primero se destruyó el clan, el pueblo, la familia extensa, luego la familia nuclear, la amistad y ahora la nada.
Javier no olvida que al mismo tiempo la violencia en el seno doméstico se ha disparado. No como una causa sino como una consecuencia de la sociedad moderna.  
 
Javi observa que la vinculación del feminismo al Estado (con un Ministerio -a ratos Secretaria de Estado- de Igualdad) le lleva a ser nada más que una renovación del patriarcado.
 
Javi es partidario declarado de la liberación de la mujer y del fin del sexismo, por eso, es contrario a la existencia del Estado. Javier repudia del machismo, como el primero, por eso asevera que el gran macho o hembra alfa estatal no puede liberar a las mujeres ni a los hombres.
La historia, que es maestra de vida, nos otorga miles de ejemplos que demuestran que el Estado no se conquista sino que él te conquista a ti. La intención de Javi con su texto no va mucho más allá que tratar de ayudar a desvelar a sus iguales esta verdad.
 
Este magnífico, pero humilde hortelano, piensa que la libertad no puede ser otorgada por el Estado, mayor enemigo de ésta; sino que la libertad debe ser conquistada por hombres y mujeres hermanados en pro de la abolición del capitalismo y su padre, el Estado.
 
Javier considera que es legitimo cuestionar cualquier idea y abrir un debate en torno a ella y fue ingenuo al pensar en el BAH como un lugar de libertad. Javi no es partidario de censurar al feminismo o a cualquier otra religión. No quiere tapar la boca a nadie porque no quiere tener actitudes despóticas como los que le han expulsado. Expulsar a una persona porque no te gusta lo que dice es una actitud muy cómoda y como dice Bertolt Brecht: hoy es Javi, mañana puedes ser tú. Crea un clima muy tóxico y, además, no deja lugar para la autocrítica que nos permite mejorar como grupo y sociedad. Javier es un amante de la libertad y por eso no va a renunciar a ella a pesar de las amenazas.
 
Uno de los que escribe este texto, ha sido al igual que Javi, hortelano de una cooperativa agroecológica hermana del BAH, -Surco a Surco-.
Y yo, la coautora de este texto y miembro del BAH durante dos años, así como de otros grupos agroecológicos durante más de diez años, queremos dejar testimonio de nuestro apoyo pleno a Javier y remarcar que la decisión de expulsarle en un gran error para el grupo y la agroecología en general.
 
Avisamos que estaremos a su lado ante el vergonzoso racaneo de su finiquito y del inmundo intento de impedirle cobrar el paro. Sólo gente que no lo ha pensado bien puede actuar como una patronal explotadora. En esto del dinero sabemos que nos enfrentaremos a duchos en el tema y que no será fácil porque, hay que reconocer, que cierta izquierda sólo habla y piensa en dinero. Y que tristemente a esto se reduce su intrascendente idea, burguesa de punta a punta.
 
Dejamos claro desde ya que nunca simpatizaremos con las ideas que Benito Mussolini expresa en su “Espíritu de la revolución fascista”, hoy tan parecidas a ciertos sectores de la izquierda y el feminismo:
 
 “En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”.
 
 
                                         María Bueno González y Enrique Bardají Cruz  
2 de Junio de 2018
 
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