Sábado, 16 Diciembre 2017 18:27

Capetalismo* levado a serio

Escrito por  Ivan
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* “capetalismo” – el autor cuyo idioma nativo es el portugués hace un juego de palabras, ya que en portugués “capeta” significa Diablo dando un sentido y origen al “capitalismo” como proveniente del mal o del diablo.

ilustração capetalismo

El juego de palabras es evidente entre el capitalismo, el sistema en el que los objetos determinan los sujetos, y el “capetalismo”, que sería una organización social determinada por la perversión de los valores sanos, en fin, el régimen del “capeta” o diablo. Y las coincidencias entre los dos términos no acaban ahí.

Desde que se tiene registro de la Historia se tiene noticia de perversiones y dominaciones. Sin embargo, el capitalismo, cuando todas las decisiones sociales pasan a ser pautadas por la lógica de la acumulación del capital, se inició al final de la Edad Media, junto con el advenimiento del Estado moderno que pasó a centralizar y legitimar todas las decisiones colectivas a través de sus respectivas instituciones típicas, tales como: policía, ejército permanente, parlamento legislativo, magistratura de carrera, hospitales, hospicios, cárceles y escuelas. La interpretación más común, de sesgo marxista y del materialismo, es que el capitalismo habría generado el Estado moderno, personificado inicialmente en las monarquías absolutistas. Yo me sumo a la corriente de historiadores que entienden que fue lo contrario: el Estado moderno, con sus necesidades absolutas de expansión y dominio, fue el que generó el capitalismo a partir de sus necesidades de guerra, o sea, de la existencia de una industria militar que atendía a su ejército y armada, forzando así, a través de sus instituciones autoritarias la creación arbitraria de los mercados de trabajo, de crédito e inmobiliario que provocó la alienación de los factores de producción: los recursos humanos que pasaron a ser mercantilizados en forma de pago de los recursos financieros sobre los cuales se pasó a incidir en los intereses y los recursos naturales mercantilizados en la forma de pago de alquileres y rentas sobre la tierra, lo que, en esencia, es otra definición para el capitalismo.

El hecho es que el surgimiento del capitalismo coincidió en el tiempo y en el espacio con la costumbre de las personas de usar firmas, reivindicando así para sí, individualmente, obras que normalmente eran colectivas. En fin, la autoría de la mayoría de las obras de arte de la antigüedad es desconocida justamente porque no había la costumbre de señalar la autoría. La firma o signatura es algo que pasa a ser usual en el siglo XV. Antes de eso, la identificación de las personas en los documentos se daba por sellos, blasones u otras marcas, pero no por firmas hechas de su puño. Otra coincidencia es la firma como signatura que es homónima de la firma entendida como acción empresarial, que, en esencia, es colocar a otras personas para trabajar en beneficio propio mediante el pago de un salario, cosa que tuvo inicio solamente a partir del siglo XV ya con un coste social enorme. 

Sin embargo, la firma no surgió de la nada. Ella tiene antecedentes históricos en la brujería, más precisamente en la práctica invocatoria de demonios, siendo cada “capeta” conocido por su nombre, sus peculiaridades y su firma individual. Así para llamar a un diablo había todo un ritual que englobaba una parte gráfica de dibujar en el suelo un círculo de protección para el invocador, dentro del cual, para tener éxito en la invocación, él debía diseñar la correcta firma del demonio invocado. Y establecido el contacto se efectuaba el contrato, o sea, las negociaciones de favores entre ambas partes. ¿Por qué el capitalismo fue a buscar en la demonología su firma? Justamente su marca de valor más importante y caracterizadora del emprendimiento individual que busca precipitadamente negociar con el propósito de logro (engañar lo más posible) y colocar a otras personas para trabajar en su provecho mediante salario (explotar lo más posible).

Y las coincidencias no se acaban porque las fuentes sutiles o trascendentes, que arrojan raíces más allá del mundo físico (ahí tendríamos que tener conocimiento de la física cuántica para comprender) entre capital y capeta, también coinciden o están muy próximas. 

La identidad de la palabra CAPETA con CABEZA, del latín CAPUT, no es mera coincidencia. Tiene que ver con la perversión del EGO, o sea, la confusión de una parte (la mente indicada por la cabeza) con la totalidad del organismo. En fin, el ego o la cabeza pensante no es intrínsecamente el mal, pero es pervertido cuando es desconectado de la totalidad en la cual él debería estar insertado como servidor y no como señor. De la incapacidad de los organismos sociales o individuales de desconectar y reconectar estos instrumentos, que, de objeto o parte se hagan sujetos o totalidad, como el capital y la mente pensante (el “capeta”), es por lo que surge la perversión del capitalismo y / o del “capetalismo”.

Y la antigua firma o acción empresarial personal tradicional, sea ella la firma individual o la firma colectiva como una sociedad de personas, hoy prácticamente extinguidas, era cosa mucho menos nociva que las actuales sociedades de capitales que dominan y pervierten los mercados, tales como las sociedades de cuotas limitadas de capital (LTDA) y, sobre todo, las sociedades anónimas de capitales (SA). Para entenderlo recomiendo el documental THE CORPORATION (www.thecorporation.com). En la acción empresarial tradicional la explotación y la trampa se daban en relaciones personales mediante firmas reconocidas. Hoy las sociedades de capitales despersonalizan todo trayendo así la marca indeleble del diablo que es la destrucción de la personalidad a través de la exaltación del ego (egoísmo), tal como se describe en la Biblia desde el episodio de la caída del Arcángel Lucifer.

El problema planteado por THE CORPORATION es que desde el fin del siglo XIX la Sociedad olvidó que las sociedades de capitales (las personas jurídicas con fines lucrativos) deben quedar adscritas al cumplimiento de su RAZÓN SOCIAL que le es reconocida por el poder público, o sea, de su razón de ser, por la cual la colectividad políticamente organizada (gobierno) autoriza a la corporación o empresa a actuar en el mercado (lucrar bajo la máscara de una personalidad ficticia o jurídica). Creo que la primera persona jurídica brasileña fue la empresa pública (creada por ley) conocida como los Correos, y la segunda, salvo engaño, fue el primer Banco de Brasil (quebrado alrededor de 1830) que ya era una persona jurídica de derecho privado con capital preponderantemente público como lo es hoy.

Para mi maestro Georges Gurvitch la empresa privada en sí no es una institución intrínsecamente mala, el problema es que en las alas del individualismo exacerbado los intereses privados asaltaron al Estado (capitalismo) de una forma despersonalizada o impersonal (“capetalismo”). Toda esa usurpación fue posible porque olvidándose del derecho social que proviene directamente de las gentes sin la intermediación estatal, el Derecho se confundió a la normalización de lo que es estrictamente individualista, formalista y estatista. Por lo tanto, habría un justo espacio para la empresa privada (el derecho comercial) siempre que el dueño de los capitales invertidos no se enseñorease del emprendimiento a pesar de las otras personas que necesariamente componen su fondo de comercio, justamente porque el capital no se confunde con la totalidad de la empresa. El capital, es decir, el trabajo consolidado o amortizado (hecho muerto para el mercado), hasta puede ser individual, pero toda empresa es necesariamente una obra colectiva y como tal, como personalidad colectiva compleja, debería ser reconocida.

Este justo espacio del emprendimiento privado se alcanzaría, en las palabras de Pierre Joseph Proudhon, si el capitalista o empresario se abstuviera de alienar trabajo, si él no pagase el salario a nadie. Así, a pesar de la existencia de comunas autogestionadas, para este maestro del mutualismo esto se daría en el sector primario con la agricultura familiar, en el sector industrial con la cogestión (ganancias y pérdidas divididas entre el capital y el trabajo) y en el sector terciario de los servicios con el asociativismo entre profesionales responsabilizados de los productos intermediados o servicios prestados, tal como era en el origen la famosa Liga Hanseática, originalmente un gremio (cooperativa) de comerciantes, que, degeneró tanto en su democracia inicial que terminó sus días convirtiéndose , después de fusionarse con la Orden de los Caballeros Teutónicos, en el Ducado de Prusia. Impedir al comerciante tener empleados sería el fin del imperio de las marcas de propiedad intelectual y la vuelta al comercio de productos colectivamente producidos, como, por ejemplo, el frijol a granel y no sólo el frijol de la marca tal o cual. A pesar de reconocer en el vínculo de trabajo subordinado (el empleo) un factor de degradación del recurso humano, entiendo contraproducente la prohibición a priori del empleo asalariado, pues, como escrito en el célebre libro EL DISCURSO DE LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA, siempre hubo y tal vez habrá quien prefiera omitirse de sus responsabilidades y riesgos. Además, sólo quien no tiene ojos para ver ni oídos para escuchar, no percibió aún que el empleo tiene los días contados. Vivimos hoy un momento análogo a hace doscientos años, cuando empezó a quedar antieconómico explotar mano de obra esclava. Ahora, día a día el patrón pierde ventajas en emplear gente. Por eso mismo que el mega capitalismo / “capetalismo” global emplea nuevas estrategias para asalariados o neo-esclavismo promoviendo la migración forzadamente inducida de millones de personas depauperadas y desarraigadas de su Cultura hacia lugares donde se concentra el Capital en condiciones óptimas de explotación y enajenación, justamente para promover la renovación y el abaratamiento de la mano de obra al mismo tiempo que se destruye la Cultura de estos lugares donde la Cultura se ha revelado más eficaz en el enfrentamiento del capitalismo (véase Europa actual).

En su TEORÍA DEL IMPUESTO discurre Proudhon sobre cómo el impuesto alimenta al Estado que protege al capitalismo, legitimando toda trampa y explotación perpetrada por la burguesía desde que se realiza bajo los auspicios de la ley y del orden. Sin embargo, el impuesto, dice Prodhon, acabará por asfixiar a la propia burguesía. No a causa de impuestos directos que inciden más sobre quién tiene más, sino porque la máquina pública parasitaria nunca cesará de hipertrofiarse, exigiendo mayor carga tributaria, acarreando así un peso insoportable para toda la Sociedad. El peso no sólo fiscal, sino sobre todo burocrático, hoy consubstanciado en la dictadura de lo políticamente correcto, que, a través del Estado policial que se forma enyesa la Sociedad en su creatividad para un eficaz enfrentamiento al capitalismo.

El intelectual español, autodidacta como Proudhon, Félix Rodrigo Mora observa que el capitalismo no posee ninguna ley inexorable que determine su autodestrucción, como habría supuesto Karl Marx en vano diletantismo. Sin embargo, se observa que el capitalismo supera sus contradicciones a través de su empeoramiento, potenciando siempre más su perversidad (“capetalismo”). Félix Rodrigo Mora destaca que el capitalismo va sobreviviendo empeorando, a pesar de toda propaganda en contra de lo políticamente correcto. Así lo hace a través de procesos de infra-humanización de las personas, de la destrucción de los sujetos. Inicialmente fueron destruidos los sujetos colectivos, y ahora son los sujetos individuales. Siendo que, incluso, se emplean planes secretos de genocidio ya en franca ejecución. Para Rodrigo Mora el momento actual se asemeja al del apogeo del imperio Romano cuando aquella civilización sucumbió bajo el peso de la burocracia estatal (carga tributaria) y aquellos pueblos civilizados, conformados con un modelo de producción esclavista progresivamente antieconómico, habrían abdicado del protagonismo histórico, condujo al caos.

“Firma” este documento Ivan Kurtz – Bachiller em Derecho y Maestro autodidacta en Derecho Social o Derecho o Derecho Consuetudinario Popular de las gentes que, por no ser actualmente reconocido por la Academia de Ciencias, la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) le otorgó el título de consolación de Especialista em Derecho del Estado.

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