Miércoles, 06 Septiembre 2017 12:14

En el aire común de la tierra

Escrito por  Daniel
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Al ver la herida de tanto abandono
busco a quien contar este silabeo sangrante
que late en el pecho que más me duele.

En la tristeza del infaltable crepúsculo
la conciencia del sentir llena la boca de soledad
como luz en el sol, despierta, pregunta
desnuda la frente y respira fuera de si misma
mira desde la tierra el orgullo, aprende a ser barro
aprende a mirar con otros ojos el espacio del dolor
se ven tantas cosas en los mercados de sangre.
Ah, la tierra está cansada de moribundos.

Atmosfera Tierra Luna

Allí donde el silencio extiende su sombra
un corazón descabalado respira su tristeza
escribiendo desdichas entre jirones de aurora
castigado por la lluvia, vestido con harapos de muerte
su voz perdida se queja al borde del mundo
con las manos rechazadas, la carne explotada
sin un rincón de cielo, cose los días en su alma
tiene permiso para olvidar que es humano.
¿No sientes en tu cuerpo su dolor?

Allí donde se estremece estoy presente
como un viento susurrante abro la puerta
y acompaño al pánico y al gemido
sin decir nada.
El hambre es una espina que se clava dentro
un incendio que quema y arde sin fuego
su golpe de sepulcro abierto se oye doliente y frío.

Desafiemos al infinito con las manos
por un pan con letras de ternura
arañando el hielo del egoísmo estéril
que ahoga rincones de esperanza.
Desafiemos las cadenas del hambre
mordiendo las piedras de la calle
con los labios, con los ojos
con los desnudos dientes de la rabia.

Exijamos la justicia del hambriento
por todos los que no comen
por todos los que no han comido
almas que al peso del hambre sucumben
con su hambre santa, con su hambre impía.

Hay que destejer el cansancio, quemar el miedo
bañarse en la tumba de la pobreza
aferrarse a la riqueza de andar por el suelo
se ven tantas cosas en el aire común de la tierra.
El dolor y la tristeza tienen nombres.

Aún podemos hacer las preguntas que desnudan
esas que derriban los muros del conformismo
y acallan el ruido de la buena conciencia.
Aún queda una oportunidad derramada en la esperanza
hagamos sonar las campanas, los latidos ocultos
hay luz en la sombra siniestra de la maleza.

Tejido con las fibras del coraje
abierto al tiempo de las tormentas
el corazón crece y se agita.
Lejos del borde de la agonía y la cólera
por encima de la rebeldía
que no se resigna al silencio
el corazón crece y se agita.
Allí donde se apaga el llanto
y una lágrima perdida gime desolada
el corazón crece y se agita.

Juntemos todas las voces
a sangre en cuello
entonando coplas que no son rezos
rompamos los gritos sofocados
las protestas mudas
sellando el aire con banderas de aurora.

Una palabra, una sola palabra
afilada hasta que corte
por el derecho a la alegría postergada.

Ahora, más que nunca,
entre la basura y las flores
necesitamos besos con alma
puños de piedra palpitantes
necesitamos conducir el destino encarcelado
deshojar la calistenia moral que despena.
Aún nos sobra una mano vegetal, un soplo
una semilla que extienda el eco libre de la vida.

Una palabra, una sola palabra,...
es casi todo y no es casi nada.

Daniel Demoin

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