Domingo, 23 Julio 2017 09:21

Pieles silenciosas

Escrito por  Daniel
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¿Es desatino
que nuestra ambición primera
sea el placer egoísta de poseer
y no compartir, cuando desde
el océano del tiempo la luna
contempla la generosidad del sol
que le regala a la Tierra la luz,
el viento, el agua,... la vida
y nunca le ha pedido nada a cambio?
¿Es desatino aspirar a vivir
sin aprender a convivir?

solitaire palais royal

(Ayudemos con una fuente de versos y ternura,
para que la vida compartida se desenvuelva y florezca
entre disparos de incesante belleza.)

Palabras confusas, ecos lejanos, gargantas
partidas, arañadas por una sociedad agotada,
como un colorido envoltorio vacío por dentro.
Una tristeza, una oquedad, una lengua enlutada
de diálogo de unos con otros, una palabra que aísla,
que no respira, que no nace, que no significa nada,
que nadie pretende que signifique algo.

Sobre el alma, gota a gota,
llueve una soberbia de hiel
en cúmulos de gente
con los párpados caídos.
Entre escaparates de tentaciones
un perengano cosificado,
deshumanizado, aterrado,
se marcha aislado hacia lo oscuro.
Un aire vestido de idiocia
corrompe los goces comunes,
llena la vida de odiosas moscas.

Es triste, sí, más triste de lo que supones.
La desdicha convertida en estilo de vida
avanza buscando corazones de trapo.
Una soledad enorme, un terrible desgarro,
acompaña los amargos frutos de la vejez.
Dormidos en la frontera del bostezo,
con la palabra marchita, vivimos desterrados,
expropiados de nuestra propia vida interior.
¿Oyes algo? ¿Estás vivo o muerto?

(Voy a vivir, sí, voy a vivir. El contacto
es el primer lenguaje de la vida. Sí,
este saber, esta luz nacida, es verdad.)

Reunidos en callada fortaleza,
una geografía de niños, y mujeres,
y hombres, se extiende como un eco
innumerable de pieles silenciosas.
Una carne que solloza, intangible,
se hunde debajo de las piedras.
Necesitamos cortar el bosque de muros,
acallar las voces de trueno, los aullidos.
Necesitamos llenar este silencio vacío,
esta incomunicación ruidosa, opresiva,
implacable, de días turbios y noches blancas,
que nos aísla, nos amordaza, nos sumerge
en un mar de atomizada soledad:
Más oídos y más bocas y más ojos,
azotados por el ruido de ciudades
y calles y casas inundadas de silencio.

Necesitamos encontrarnos un instante
en un mundo de seres perdidos, rotos,
compartir la miel, los ideales comnes,
la palabra, las aspiraciones conjuntas.
Hay pedazos de sol alumbrándonos.
Necesitamos un roce de manos bajo el agua,
un clamor de corazones francos, abiertos,
que palpiten al unísono y dejen oír sus latidos.

Necesitamos recobrar las raíces,
los antiguos sueños que duermen
en los anchos silencios de las estepas,
en la túnica espesa de los bosques,
en el estruendo vital de las selvas,
en los ríos que alimentan lagos y mares,
en las ruinas de viejos monumentos,
caídos, gastados por hombres y tiempo.

Una brizna de vida se eterniza y espera ser,
quiere abandonar las trincheras de la muerte.
Dejemos ya de matar lo vivo.
Hay un pedazo de sol en el alma,
en el corazón, en la memoria.

Daniel Demoin, del libro Desatino

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