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Jueves, 18 Mayo 2017 18:13

La apuesta directa

Escrito por  Alfredo Velasco
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Presentación de la charla sobre el libro "La apuesta directa". El libro "La apuesta directa", se compone de una serie de artículos, firmados por : Jtxo Estebaranz, Octavio Alberola, Carlos Taibo, José Luis Carretero Miramar, Grup de Reflexió per a l'Autonomia, Cul de Sac, José María Olaizola, Javier Encina y María Ángeles Ávila, Rafael Cid, Caries Sánchez y Socorro Pérez, Alfonso Álvarez y Paco, Federación de Estudiantes Libertarios. Epílogo de Mario Domínguez.

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Buenas tardes a todas y todos y gracias por venir. La Asociación Cultural Germinal y el sindicato CGT hemos organizado el presente acto y esperamos que sea para vuestro aprovechamiento e interés.

           Vivimos el final de un ciclo histórico, de una Era. Todos los procesos que constituyen el flujo de la historia han llegado a un callejón sin salida lógica. El Capitalismo ha llegado a su límite natural y se acerca el colapso. El capitalismo financiero se ha divorciado de la realidad, de la conexión con la vida real. Toda la riqueza del mundo está concentrada en las manos de la oligarquía financiera mundial que ha devaluado no sólo el trabajo, sino también el capital ligado a los fundamentos del mercado, garantizado a través de la renta financiera. El resto de las fuerzas económicas son esclavas de esta impersonal elite ultra liberal transnacional. El Capitalismo está en una crisis que bordea el colapso. La catástrofe, ocultada, se puede retrasar pero no prevenir o evitar. La actual economía mundial está condenada. En la actual situación demográfica, teniendo en cuenta el crecimiento constante de la población mundial, la humanidad está a punto de agotar los recursos naturales de la tierra, necesarios no sólo para mantener los niveles actuales de consumo, sino para la pura supervivencia a niveles mínimos. Nos acercamos rápidamente a los límites del crecimiento, y el hambre mundial, las privaciones y las epidemias se convertirán en la nueva norma. Hemos superado la capacidad de carga de la tierra.

          Por otro lado, los valores del sistema atlantista, la atomización de las sociedades, no ligadas entre sí por ningún vínculo, está en pleno apogeo. La inestabilidad económica y las catástrofes ecológicas provocan flujos migratorios sin precedentes. Los lazos culturales, nacionales y religiosos están rotos, los contratos sociales se quiebran y se cortan las relaciones personales. Vivimos en un mundo de multitudes solitarias, de sociedades atomizadas por el culto al individualismo. La soledad es la norma y las identidades culturales implosionan. La cultura, el idioma, la moral, las tradiciones, los valores y la familia como institución, desaparecen. La cultura posmoderna remite compulsivamente al individuo hacia mundos virtuales de pantallas planas y le saca de la realidad, captada por un flujo de alucinaciones sutilmente organizadas y hábilmente manipuladas. Estos procesos son manejados por la oligarquía mundial, que busca hacer a las masas del mundo complacientes, controlables y programables. Nunca antes ha sido tan glorificado el individualismo y, sin embargo, al mismo tiempo, nunca antes la gente de todo el mundo había sido tan similar entre sí en su comportamiento, hábitos, apariencia, técnicas y gustos.

 Las empresas transnacionales ponen sus intereses por encima de los intereses nacionales y de las administraciones estatales, lo que conduce a una dependencia de los sistemas externos, y a la pérdida de la independencia en favor de la interdependencia. El sistema internacional de estados es suplantado y sustituido por las estructuras de la oligarquía financiera global. Los países y monopolios atlantistas forman el núcleo de este gobierno global, y después integran gradualmente a las elites económicas y políticas del resto del mundo. Así, las antiguas elites nacionales se convierten en cómplices de los procesos de globalización, traicionan los intereses de los estados y conciudadanos, formando una clase transnacional global que tiene más en común entre sí que con sus antiguos compatriotas.

Los medios de comunicación globales crean un sistema de desinformación total, organizado de acuerdo con los intereses de la oligarquía mundial. Sólo lo que se informa a través de los medios globales constituye la realidad. Los puntos de vista alternativos pueden propagarse por los intersticios de las redes globales de comunicación, pero condenados a la periferia, ya que sólo se proporciona apoyo financiero a aquellos que sirven a la oligarquía mundial, es decir, al capital. Cuando las opiniones críticas pasan un umbral y se convierten en una amenaza para el sistema, se utilizan los instrumentos clásicos de la represión, la presión financiera, el eufemismo, la demonización, el acoso legal y físico.

Hoy en día la creencia en el progreso es compartida sólo por los ingenuos que deliberadamente hacen la vista gorda ante la realidad a cambio de una recompensa en forma de privilegios materiales y paz mental. Tanto el ser humano como el mundo no están mejorando sino que, por el contrario, está degenerando rápidamente o, al menos, siguen siendo igual de crueles, cínicos e injustos que siempre. Sólo el que es deliberadamente ciego elige no ver que bajo la doble moral atlantista, bajo las pegadizas consignas sobre la democracia, el libre mercado, los derechos humanos y la libertad, yace la voluntad egoísta de colonizar y controlar. Si las cosas continúan desarrollándose como lo hacen hoy, los pronósticos más pesimistas, catastróficos y apocalípticos del futuro llegarán a ser una realidad. Sólo los privados de pensamiento histórico, reducidos a una existencia como consumidores por un flujo cada vez mas agresivo de publicidad, entretenimiento sin sentido y desinformación, y que están separados de la educación y de la cultura, pueden ignorar el horror de la situación real. Las personas que han salvado al menos un grano de intelecto independiente y libre saben que esta situación está causada por la civilización atlantista –su desarrollo tecnológico, el individualismo, la búsqueda de la libertad a cualquier precio, el materialismo, el reduccionismo económico, el egoísmo, el fetiche del dinero- es decir, esencialmente la totalidad de la ideología liberal capitalista burguesa. Estas tendencias, después de alcanzar su límite, han producido resultados opuestos: la técnica se convirtió de un instrumento en un principio autosuficiente; el individualismo fue llevado al extremo, la libertad pierde su objeto siendo privada de su propia naturaleza; la idolatría de lo material conduce a la degradación espiritual, la sociedad es destruida por el egoísmo; el poder absoluto del dinero explota la mano de obra y exorciza el espíritu emprendedor; y la ideología liberal destruye cualquier forma de solidaridad social, cultural o religiosa.

 El único cambio posible es arrancar –raíz, tronco y ramas-, todo el sistema y sus paradigmas. A la vez, la oligarquía mundial y su red de agentes son la raíz del mal. El mal está personificado en la clase política mundial. El mundo es como es porque alguien quiere que sea así y se esfuerza mucho en hacerlo así. Esta voluntad es la quintaesencia del mal histórico. La oligarquía mundial se convierte en el enemigo de  toda la humanidad. No obstante, la sola presencia de un enemigo identificable ofrece la oportunidad de derrotarlo, una oportunidad para la salvación y para superar la catástrofe.

 El sistema dice que no hay alternativa  pero, hoy día, la búsqueda de una alternativa es una condición de supervivencia. La dignidad humana consiste en la capacidad de elegir y de escoger específicamente entre decir “si” o “no” a la situación actual. Negando este derecho, la elite mundial niega que tengamos dignidad humana. Eso significa que se opone no sólo a la humanidad, sino al humanitarismo, a la naturaleza humana. Y esto solo ya nos da el derecho a rebelarnos contra ella, para decir radicalmente “no” a la misma y a todo el estado de cosas, para dar nuestra aprobación a otro mundo, de otro modo, a un orden diferente, a un sistema diferente, a un presente y a un futuro diferentes.

 La pregunta es: ¿Cómo lo hacemos? El Anarquismo ha sido definido como un actuar ético, un método de liberación o una forma de vida. ¿En la actualidad, que Anarquismo necesitamos? El libro “La apuesta directa” pretende encender varias cerillas libertarias en el túnel de nuestra época en busca de un camino firme por el que avanzar. Por eso, para hablarnos de esta iniciativa, contamos hoy entre nosotros con Mario Domínguez y Juantxo Estebaranz, el primero, profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid y, el segundo, activista libertario, participantes en dicha iniciativa.

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