Jueves, 23 Febrero 2017 13:07

Espiritualidad y cambio social

Escrito por  Laia y Ricard
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Laia Vidal y yo, Ricard Vidal, organizamos este encuentro en 15 días inspirados en los ideales de la Revolución Integral.

Estáis invitados/as todo el mundo que pueda asistir. Agradeceríamos que nos ayudarais con la difusión.

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Introducción

¿Tiene algo que ver la meditación, el yoga, la mística, y otras filosofías relacionadas con la salud y la alimentación, etc., con la lucha social, la política y la revolución? ¿Influye el cambio interior en el cambio exterior y viceversa? ¿O estamos hablando de cosas totalmente diferentes?

A menudo encontramos que hablamos de esferas de la realidad diferenciadas, sin nexos comunes, donde es habitual encontrar carencias sociales en ámbitos "espirituales" o religiosos y también a la inversa, donde es muy difícil hablar de aspectos espirituales o de cambio de valores en espacios políticos o de transformación social.

Con este encuentro matinal, hablaremos de todo esto con unos invitados especiales que han podido desarrollar a lo largo de su experiencia vital ambas caras de la misma realidad. A continuación habrá turno de palabras y coloquio.

Después, haremos una tiempo de silencio en grupo para experimentar la joya del silencio interior y finalmente compartiremos la comida con aquello que cada cual haya podido traer.

Todo esto, en un ambiente privilegiado, abierto y cercano cómo es el Monasterio de Sant Jeroni del Arrayán, un santuario de soledad y silencio, testigo de los signos del tiempo, un verdadero museo al aire libre.

Estáis invitados/datos y si os motiva podéis hacer difusión entre quien creéis que le puede interesar.

Os esperamos!

Ved también:

http://integralivital.net/2017/02/20/espiritualitat-i-canvi-social/
Libro "Activismo y espiritualidad"

Detalles

El próximo Sábado, 04/03/2017 tendrá lugar en el monasterio de San Jeroni de la Murtra (una joya del gótico catalán situado en Badalona y dinamizado por una comunidad heterogénea) una primera jornada sobre «Espiritualidad y transformación social». Esta quiere ser una oportunidad para poner sobre la mesa la relación entre el cambio interior y el cambio exterior, entre la voluntad de mirarnos a nosotros mismos y nuestra conexión profunda con la vida y con las preguntas fundamentales de la existencia y al mismo tiempo tener en cuenta el mundo en el que vivimos, con sus estructuras y valores que dificultan en gran medida una evolución emancipadora de la persona y de la sociedad.

Actualmente y en las últimas décadas las tendencias, luchas y movimientos que proponen cambios en el sistema social se encuentran bastante carentes de fuerza, de fe, de potencia y de conexión humana. A menudo caen en el materialismo, el politicismo y el odio al orden establecido como fuerza motora. Al mismo tiempo, los movimientos y tendencias que ponen más énfasis en el cambio interior y la espiritualidad suelen caer en el individualismo, el egocentrismo y el mercantilismo propio de las sociedades modernas neoliberales. Mientras a unos les sobran los juicios y el ojo crítico y les falta esperanza y confianza, a los otros les sobra ingenuidad y falta criterio firme respecto la acción de cara a los males del mundo. En los primeros el hecho de no tener una conexión más fuerte con la realidad existencial de la vida, con la potencia de los individuos, y una cosmovisión de amor y confianza hacia los demás, les quita mucha fuerza y posibilidades de victoria. A los segundos el hecho de dar la espalda a una transformación que vaya más allá de la persona en sí misma, que puede ir más allá de mejorar como ser concreto en la vida cotidiana, o trabajar las propias cuestiones internas del ego, para luchar contra las estructuras y tendencias opresivas que están más allá de nosotros y hacerles frente colectivamente, les quita también mucha fuerza y credibilidad y los inunda de impotencia, de modo que incluso pueden acabar convirtiéndose en corrientes reaccionarías que apuntalan al sistema más que lo impugnan. A un nivel personal, podemos decir que las personas con fuerza espiritual generalmente no se han dedicado a proyectarla hacia afuera sino a mirarse el ombligo, y que esto provoca que la potencia interna de cada uno se vea mermada; por otra parte, es difícil encontrar en las personas que se dedican a hacer proyectos y acciones sociales una conexión interna fuerte consigo mismos, con los demás y con la vida, por lo que sus acciones se ven también muy debilitadas y su fortaleza para oponerse al orden establecido disminuye.

A lo largo de la historia podemos encontrar varios ejemplos de personas y movimientos que han integrado la espiritualidad y la lucha contra la opresión social (Ghandi o Martin Luther King serían algunos de los más conocidos, también se dice que Jesús era un revolucionario en el marco del cristianismo primitivo). Pero hoy en día parece ser que ya ni existen movimientos espirituales ni políticos revolucionarios con suficiente potencia y fuerza que estén a la altura de los retos personales y sociales que se plantean a la humanidad y al planeta en pleno siglo XXI. La fragmentación sigue imperando y se nos hace difícil oponernos a un sistema global sin una integración de las diversas dimensiones del cambio que requiere el desarrollo de una nueva civilización. En este sentido, hay personas que nos pueden ayudar en este camino de integración, pues tienen «un pie en cada mundo», y no ven la contradicción entre uno y otro sino que entienden que la espiritualidad y el cambio social son un mismo camino, como dos caras de la misma moneda. A algunas de ellas las hemos invitado a hacer aportaciones en esta jornada y a asistir. También podemos decir que hay cada vez más personas que, a un nivel individual, desarrollan diversas facetas de su vida más en consonancia con un trabajo interior y con una aportación social, pero esto se sigue haciendo de una manera fragmentada y parcial en la vida de cada uno de nosotros, de modo que no se convierte en una potencia colectiva ni en una seña distintiva de un movimiento de cambio holístico.

Así, en la práctica, a pesar del interés creciente de cada vez más personas para desarrollarse espiritualmente y aportar socialmente, seguimos encontrando una fragmentación de estos dos mundos que se traduce en una parcialidad en el enfoque de todas las cosas que hacemos, donde el énfasis se encuentra siempre más en un aspecto que en el otro. El reto, pues, sería encontrar formas de tomar conciencia del componente espiritual que tiene toda lucha social, toda acción y todo proyecto que vaya encaminado a modificar condiciones «exteriores» a nosotros, al mismo tiempo que si hacemos alguna práctica espiritual poderlo conectar con el sentido social y colectivo que la propia acción individual o de pequeños grupos puede tener en sí misma. De esta manera, podemos ir desarrollando un paradigma amplio, integral, que no sólo haga de puente entre un mundo y otro sino que integre las dimensiones espirituales y políticas emancipadoras como caminos que llevan a un mismo destino, como dimensiones o ángulos desde los que mirar o llevar a la práctica una misma acción o proyecto. Un camino que supere las dicotomías existentes y que nos haga salir de nuestras parcelas de confort para tener en cuenta la complejidad de la vida y la transformación global.

Por poner un ejemplo concreto de esta forma de funcionar integradora, si tomamos el árbol como motivo de reivindicación o celebración, podemos ver que los árboles han tenido un significado a lo largo de la historia en nuestros lares como símbolos políticos de la comunidad. El Concejo Abierto en muchos pueblos de la Península se reunía bajo un árbol y los bailes de árbol eran una forma de cerrar acuerdos de las asambleas populares bailando alrededor de éstos. Al mismo tiempo las investigaciones de los últimos años ponen de manifiesto que los árboles son seres vivos conectados con la trama de todo el bosque a través de sus raíces, así como una nueva visión de la vida en la que los seres humanos y la naturaleza no siempre han estado separados sino en estrecha colaboración y sinergia, llegando incluso a sentir devoción y reverencia por estos seres que perduran y que son el pulmón de nuestro planeta. Por lo tanto, hacer asambleas bajo los árboles, o meditar, celebrar y bailar a sus pies, son en realidad parte inseparable de nuestras diversas facetas y dimensiones humanas, que nos muestran que es posible ver y vivir las cosas de otra manera. No es casualidad que los mismos símbolos nos remitan a prácticas divergentes pero a la vez todas necesarias para desarrollar una vida plena (la autonomía colectiva en la toma de decisiones, la conexión profunda con el entorno y con los demás ...), pues en una cosmovisión holística no impera una fragmentación artificial de la realidad sino que la vida se desarrolla de una forma mucho más integrada, en toda su potencia.

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Por tanto, el reto actualmente no es unir sin más, o poner ambas cosas de lado, sino integrar. Espiritualidad y revolución, entre otras facetas vitales, serían como las diversas caras de un cubo de Rubick, sin las cuales no se puede construir ninguna forma con sentido.

Por último, también debemos tener en cuenta que las diversas formas de entender la transformación social o la lucha social, así como la espiritualidad, han ido cambiando con los años, porque las inquietudes y la sociedad están en continua evolución. Por lo tanto, tendremos que empezar por ver qué entendemos ahora y que hemos entendido en los últimos años por cambio social, qué entendemos por espiritualidad y cambio interior ... como estas dos facetas se han ido canalizando y han ido tomando ciertos vicios y potencialidades según el momento, y como vemos todas estas cuestiones desde donde estamos ahora.

De todo esto y más empezaremos a hablar el próximo sábado 4 de marzo en San Jeroni de la Murtra.

Visto 1026 veces Modificado por última vez en Viernes, 12 Mayo 2017 14:47

1 comentario

  • Enlace al Comentario José María Peiró Barrero Viernes, 03 Marzo 2017 22:56 publicado por José María Peiró Barrero

    Cómo me gustaría compartir y aprender en ese encuentro pero no puedo acudir. Estoy al tanto y estoy en esas complicidades del ser y el estar. Lo celebro. En la medida que cambiamos y somos más verdaderamente nosotrxs, nuestro alrededor lo refleja.
    Me acuerdo de un salmo que dice "las oraciones de los santos aceleran la llegada del gran día"

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