Jueves, 24 Noviembre 2016 21:26

Constitución, dictadura y revolución (Parte primera)

Escrito por  Félix Rodrigo Mora
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Un año más los jerarcas del actual régimen de dictadura se disponen a celebrar el Día de la Constitución española, impuesta por el miedo, la demagogia, el embuste, el soborno y la farsa politiquera en 1978. Han pasado 38 años en los que el pueblo ha sufrido un sistema de privación de las libertades políticas reales, a la vez que se le ha sometido a un violación psíquica continuada para obligarle a creer que tan ignominioso texto político-jurídico establece un sistema de "libertad y democracia".

Con ella el pueblo ha sido reducido a una masa no-libre manejada por los altos cuerpos de funcionarios de los Ministerios, los mandos militares y policiales, los poderes mediáticos, los aparatos escolares y universitarios, los políticos profesionales de derecha e izquierda y los capitostes de Bruselas a sueldo de imperialismo alemán.

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Se han celebrado numerosas elecciones, todas paródicas y fraudulentas, pues su esencia está en la conculcación de la más básica de las libertades, la de conciencia, que es la que hace al ser humano sujeto político. Sin libertad de expresión, dado que hoy todo es aleccionamiento, adoctrinamiento y amaestramiento, no pueden formarse en el interior de la persona opiniones políticas auténticas, propias, válidas, de manera que cada acto electoral bajo el régimen actual es el modo como los tiranos y dictadores se hacen legitimar por un pueblo rebajado a plebe.

Así la libertad política está por conquistar.

La actual Constitución, igual que todas las que la han precedido, comenzando por la infame primera, la de 1812, e igual que todas las que la seguirán (si ello llega a suceder), legitiman y organizan la dictadura del aparato estatal, en primer lugar del ejército, a la vez que mantienen en una situación cada vez más privilegiada al gran capitalismo, que día a día y en alianza con el Estado va despojando de sus bienes, propiedades y ahorros a las clases medias y a las clases asalariadas.

Los hechos prueban que el parlamentarismo, todo parlamentarismo, y todo régimen constitucional, cualquiera de ellos, monárquico o republicano, de derechas o de izquierdas, de ayer, hoy o mañana, es el dominio político de muy reducidas minorías mandantes todopoderosas, estatales y empresariales. El pueblo está privado de cualquier posibilidad de participación política real más allá de la acción combativa en la calle. Por tanto, la sociedad actual se ha de definir en primer lugar como una dictadura, una tiranía, un despotismo. Quienes la califican, por ejemplo, de sociedad de consumo se equivocan, pues el consumo es un hecho secundario al lado del más decisivo, la ausencia de libertad, la opresión, la dominación, el absolutismo estatal y plutocrático.

El día 6 de diciembre, como todos los años, habrá "jornada de puertas abiertas" en el parlamento de Madrid, institución perversa y prostituida que cumple la función de hoja de parra ocultando la ausencia de libertades reales para la gente popular, el despotismo intolerable de los altos funcionarios, los jefes militares, las estrellas de la industria del espectáculo, los banqueros, los politicastros y los intelectuales a sueldo del poder constituido.

Hay que denunciar el montaje del 6 de diciembre. Hay que situar el combate por la libertad política en el centro de nuestra actividad. Por la libertad de conciencia. Por la libertad de expresión, igual para todos, y no sólo para, pongamos por caso, los lacayos del statu quo que desde La Sexta se desgañitan defendiendo el actual régimen de dictadura mientras hacen frases demagógicas sobre "derechos sociales". La libertad es el primer y principal bien, aunque no es un derecho sino una conquista, un logro revolucionario.

Ahora, en vista del desgaste y repudio que está padeciendo la Constitución de 1978, debido a la resistencia y la denuncia popular, se proponen o sustituirla por otra o reformarla. Para efectuar la primera operación están dispuestos a iniciar incluso un "proceso constituyente", esto es, una intervención política que redacte, imponga al pueblo y promulgue un nuevo texto constitucional. Éste sólo puede tener un significado, mejorar el actual régimen de dictadura política, hacerlo todavía más insidioso, maquiavélico y totalitario. Desde la Constitución de Cádiz, en 1812, hemos sufrido las promulgadas en 1837, 1845, 1869, 1876, 1931 (esta republicana) y 1978, en total siete, y todas han sido la misma en esencia, aunque cada vez más refinadamente efectivas en su capacidad para someter, deshumanizar, servir a los ricos y dominar.

Hagamos, pues, de estos días un tiempo de denuncia y acción combativa, pero sobre todo de lucha por la libertad política. Cada cual según sus posibilidades ha de manifestar su particular rechazo de la vigente tiranía con reivindicación de la libertad para participar en el gobierno político de la sociedad, por sí mismo y no por el procedimiento totalitario de los partidos políticos, de la partitocracia, ilimitadamente codiciosa, venal y corrupta toda ella, la vieja y la nueva, la casta y la neo-casta, la españolista y la "independentista" periférica.

(Continuará)

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